Capítulo 26: Capturando al Asesino
Cuando pensé que el asesino estaba justo detrás de la puerta, posiblemente con un arma en la mano, la espalda se me empapó de sudor frío.
Tragué saliva con dificultad y me obligué a pensar rápido. Deng Chao me estaba esperando fuera de la sala; si asomaba la cabeza, no dudaría en cortarme el cuello sin pensarlo.
Pero tampoco podía quedarme encerrado en la sala de música. Solo le tomaría unos pocos pasos llegar hasta mí antes de que Huang Xiaotao pudiera siquiera acercarse.
La ventana estaba abierta, así que tenía la opción de saltar y escapar, pero eso echaría por tierra todo el plan de capturarlo.
Entonces metí la mano en el bolsillo y llamé a Huang Xiaotao en secreto.
—Por favor, no me asuste así, señorita Xia Mo —dije en voz alta, fingiendo miedo mientras marcaba el número—. Si no le gusta que esté aquí, me iré de inmediato.
Luego di dos pasos hacia adelante y rodeé el piano para ocultarme detrás. Si Deng Chao entraba corriendo, podría empujarlo contra el piano y ganar algo de tiempo.
Justo en ese momento, Deng Chao apareció en la puerta. Al verme escondido detrás del piano, soltó una carcajada.
—¡Deja de fingir, bastardo! —gruñó.
Pude ver claramente que sostenía un puñal, y sus manos eran blancas y delgadas, tal como esperaba.
—¿Quién eres? —pregunté, fingiendo ignorancia—. ¿Por qué estás vestido así?
—¿Aún sigues actuando? —replicó mientras comenzaba a caminar hacia mí—. ¿Dónde está esa carta?
—La carta decía… —me moví al otro lado del piano— … que tú eres el verdadero asesino.
—¡No debí confiar en Zhang Kai! —escupió con rabia—. ¡Y yo que hasta me arrepentía de haber matado a ese bastardo!
Dio otro paso hacia mí. Yo ya estaba bañado en sudor frío, y el corazón me golpeaba el pecho como un tambor.
—Tú eres el único culpable —le dije—. Si no lo hubieras matado, esa carta nunca habría llegado a mis manos.
—¡Deja de parlotear! ¡Dame la carta ya!
—No la tengo conmigo —le respondí—. Se la di a la policía hace tiempo.
—¡Maldito! ¡Me engañaste!
Deng Chao corrió hacia mí, pero justo antes de alcanzarme, Huang Xiaotao pateó la puerta y entró apuntándole con ambas manos.
—¡Quieto! —gritó con voz firme—. ¡Tira el arma al suelo!
Deng Chao se quedó boquiabierto. Pero pronto volvió en sí y corrió hacia mí. ¡Planeaba tomarme como rehén! Corrí hacia el fondo de la sala de música, pero él venía pisándome los talones. Huang Xiaotao disparó su arma y el estruendo del disparo retumbó por todo el edificio.
El disparo no le dio a nadie. Los oficiales suelen disparar una bala de advertencia primero. Pero el ruido bastó para asustar a Deng Chao, quien salió corriendo por la puerta. Estaba tan desesperado que se le cayeron la peluca y el disfraz.
Huang Xiaotao salió tras él por el pasillo. Yo también los seguí. Aunque al final del corredor no había salida, había aulas a ambos lados, así que Deng Chao podía esconderse fácilmente en alguna.
Lo perdimos de vista. Huang Xiaotao me gritó que la alcanzara y pateó la puerta de un aula mientras apuntaba con el arma. Yo inspeccioné el interior.
—No está aquí.
Revisamos tres salones sin éxito, cuando de pronto escuché el sonido de una ventana abriéndose.
—¡Rápido! —grité—. ¡Va a saltar por la ventana!
Corrimos hacia el aula de dónde venía el sonido y vimos a Deng Chao de pie junto a la ventana, a punto de saltar.
Huang Xiaotao se detuvo y levantó el arma, apuntándole con ambas manos.
En ese momento, Deng Chao gritó y cayó al suelo.
—¡No me maten, por favor! ¡No me maten!
Huang Xiaotao se acercó de inmediato. Le dio una patada al cuchillo, le dobló los brazos hacia la espalda y le puso las esposas.
—Tenías razón, Song Yang —dijo—. De verdad se hizo una cirugía en las manos.
Solté un largo suspiro. Mi cuerpo entero temblaba como gelatina.
Solo entonces apareció Dalí corriendo por el pasillo.
—¡Whoa, qué genial! —exclamó—. ¡Lo atraparon rapidísimo! Déjenme ver la cara de este desgraciado.
Cuando se acercó, Huang Xiaotao le dio una buena patada en la pierna. Dali gritó de dolor y empezó a saltar sobre una sola pierna.
—¿Te estabas atando los cordones otra vez en un momento crucial? ¡Eres más inútil que un cerdo!
—¡No es mi culpa que mis cordones se desaten de nuevo! —protestó Dalí—. Song, ayúdame a convencerla.
No dije nada. Solo le lancé una mirada.
Huang Xiaotao llamó al director para que vinieran a llevarse a Deng Chao.
—Así que tú eres Deng Chao, ¿eh? —dijo Dalí, tratando de romper el hielo—. Eres bastante impresionante, ¿sabes? Mataste a dos personas, luego te disfrazas de fantasma para asustarnos. Pero, lamentablemente, no eres tan impresionante como nuestro Song Yang, ¿verdad, Song?
Nadie le prestó atención, así que Dali se rió nerviosamente.
Deng Chao me clavó la mirada y preguntó:
—¿Dónde está exactamente la carta de Zhang Kai?
—Es falsa —le dije—. Pensé que ya te habrías dado cuenta. La usé para atraerte aquí.
—¡Eso es imposible! —exclamó—. ¡Estaba claramente escrita con la letra de Zhang Kai! ¡Usé un método brillante para matarlos! ¡Si no hubiera carta, no tendrías forma de saber que fui yo!
Resultó que Deng Chao realmente creía que era la persona más lista del mundo, que nadie podía superarlo, así que nunca dudó de la autenticidad de la carta… y eso lo condenó.
Suspiré.
—Falsifiqué la carta usando los apuntes que encontré en su habitación —dije—. Si crees que nadie puede descifrar tu método de asesinato, lamento decirte que estás equivocado. Has encontrado a tu rival.
Deng Chao soltó una carcajada. Esa risa fría resonó por todo el pasillo y me puso los pelos de punta.
—Siempre te recordaré, Song Yang —dijo—. Perdí esta vez. Perdí de verdad. Eres un oponente digno.
—Ya basta —ordenó Huang Xiaotao—. Camina.
—Espera —los detuve—. ¿Dijiste que perdiste?
—¿Tú qué crees? —respondió con desdén—. ¿Acaso parezco estar ganando?
—Aquí no hay victoria —repliqué—. Porque esto no es un juego. Mataste a dos personas. Dos jóvenes perdieron la vida, y sus familias llorarán por el resto de sus vidas. ¿Cómo puedes hablar de ganar y perder con tanta ligereza?
—¡Pero para mí sí es un juego! —dijo con una sonrisa espeluznante—. ¡Es un duelo de agallas e inteligencia!
—Definitivamente eres un sociópata —comentó Huang Xiaotao—. No hay salvación para un monstruo como tú.
Traducido por: Mel
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