Capítulo 10
El Francotirador Esconde Sus Ojos 9
Examen de Ingreso a la Academia (4)
La atmósfera persistía viciada. Un silencio denso y una tensión palpable se entrelazaban, mientras iban llamando a los aspirantes uno a uno. Poco después, estos regresaban con semblantes demacrados, como si les hubieran succionado la vitalidad. Aquella letanía de fracasos parecía no tener fin. Era un proceso tan breve que daba la impresión de ser una mera formalidad para observar sus rostros, pero los resultados eran desoladores; rara vez alguien regresaba con el collar de aprobado al cuello.
—Hmm, ¿eso es todo? ¿Acaso no hubo nada mínimamente extraordinario?
Para alguien como yo, que superó la prueba simplemente apretando un gatillo, la situación resultaba curiosa.
—Ja. Tendré que mirar vuelos.
—Oye, dijiste que te ibas a Japón, ¿verdad?
—Aunque el nivel sea inferior al de Corea, las academias japonesas tienen renombre. Debo intentarlo.
—Vaya, no paras de esforzarte.
—¿Qué va? Si intentas subir la torre sin autorización, terminarás con una muerte miserable.
Su conversación estaba teñida de amargura y resignación. Recogían sus pertenencias con movimientos lánguidos y pesados, pero aun así, no dejaban de lanzarme miradas furtivas. Algunos incluso me fulminaban con odio evidente. ¿Acaso creen que no me percato? Aunque ocultara mis ojos tras unas gafas de sol, mi intención me permitía sentir cada vibración a mi alrededor.
—Me observan demasiado.
—¿No será porque un mocoso, notablemente más joven, obtuvo el primer puesto en el escrito y aprobó la prueba práctica primero? El sentimiento que albergan es obvio.
—Habla como si usted mismo no fuera humano.
—Pues claro, yo he trascendido a la humanidad…
Fue entonces cuando una voz clara y alegre golpeó mis oídos.
—Ey, mocoso. Eres tremendo, ¿eh?
Leí la intención que se extendía ante mí; aquello es prodigioso, pues más allá de la mera existencia, su color y forma se graban vívidamente en la mente. Era un chico de pelo rojo. No, en realidad no era un chico.
—Ah, es esa mujer que se viste de hombre.
Era la persona que me asistió en la recepción. Con su energía familiar, los recuerdos acudieron a mi mente.
—Ah, hola. Muchas gracias por ayudarme la vez pasada.
Cuando incliné la cabeza para saludarla, ella profirió su risa alegre característica.
—¡Jajaja! Bah, no fue nada.
Continuó hablando mientras realizaba un gesto displicente con la mano, transmitiendo una cualidad distinguida pese a su desenfado.
—Ahora que lo pienso, todavía no me he presentado. Me llamo Jeong Chaemin. Soy de Busan.
Por un instante, mi antiguo nombre acudió a mis labios, pero logré contenerlo. Ernian Ludwig. Esas tres sílabas se habían convertido en el nombre de una señorita de la alta sociedad. Como mi información en el sistema y en el registro académico figuraba bajo ese nuevo nombre, no me quedaba más remedio que acostumbrarme.
—No, me llamo Ernian.
—Ay, qué nombre tan bonito. Como cuatro sílabas es un poco largo, ¿qué tal si lo acorto y te llamo El?
—Bueno, me da igual.
Ella acortó mi nombre a su antojo y esbozó una sonrisa maternal.
—Seguro que ese nombre también es falso, ¿no? Considerando que te vistes de hombre.
La sílaba El me resultaba curiosamente cómoda, incluso más que mi nombre original. Probablemente sería útil para mi vida futura, así que personalmente me sentía satisfecha.
—Nuestra El es joven pero habla coreano con fluidez, ¿eh? Ajá. ¿Es natural siendo la que saco la nota perfecta en el escrito?
Jeong Chaemin asintió, convenciéndose a sí misma. En fin, el hecho de que un extranjero hablara coreano con fluidez ya no era una sorpresa. Desde que Corea adquirió la fuerza de cazadores de nivel mundial, el coreano se estableció como un idioma global.
—Bueno, mi caso es un poco distinto.
Aunque me exigieran hablar inglés, no sabría ni cómo empezar.
—Tendría confianza hasta para comerme un buen cuenco de sopa de arroz, ¿cómo voy a ser occidental? Ah, quiero sopa de arroz.
Solo por fuera soy occidental, pero por dentro soy coreana hasta la médula. Por mucho que mi vida hubiera dado un vuelco, el ADN grabado en lo profundo de mi alma permanecía inalterable.
—Usted también dijo que era de Busan, pero habla el dialecto de Seúl bastante bien.
—¿Sí? Estaba intentando cuidarlo, veo que te diste cuenta.
Busan. Nunca había ido, pero había oído que era la ciudad de los hombres de verdad; una urbe que convive con un mar bravío y peligroso, famoso por ser un refugio de monstruos que emergen de las puertas.
—Comparado con Corea del Norte, a la que llaman el infierno, es un poco mejor, aunque el mar sigue siendo muy peligroso.
Se decía que los habitantes de esa ciudad poseían una energía resistente y vigorosa. Al oír eso, su vivacidad cobraba sentido; era la extrovertida perfecta, mi polo opuesto.
—Seguro que su MBTI empieza por E, ¿no?
Mientras parpadeaba, sentí una calidez acariciando mi cabeza.
—¿No es demasiado mona siendo tan respetuosa y educada?
Me quedé atónita, o mejor dicho, desconcertada.
—¿Por qué me toca la cabeza?
Mi largo cabello se enredó bajo el tacto de su mano. Como soy ciega, nunca me había preocupado por mi apariencia, así que me daba igual el estado de mi peinado…
—Ah, este… no hace falta que toque mi pelo…
—¡Ay, perdona! Es que eres tan mona que lo hice sin darme cuenta.
¿Mona? ¿Yo? Era la primera vez que escuchaba algo parecido. Supongo que con este físico, sí lo soy.
—Todos los aspirantes que llegaron hasta aquí habrán presumido en algún momento de ser genios. En mi barrio también me llamaban genio. Por eso no tenía ni idea de que tú ibas a aprobar. A simple vista pareces más joven que mi hermanita, pero sacaste la nota perfecta y rompiste la espada centelleante.
Eso significaba… ¿que todos habían presenciado mi desempeño? Fui la primera en aprobar y me senté obedientemente en la sala de espera, así que era lógico que lo supieran.
—Con razón todos me fulminaban con la mirada.
Los demás ni siquiera superaron la prueba y yo pasé con un solo clic. Yo también me sentiría resentida ante tal injusticia.
—Por cierto, ¿cuándo empieza el siguiente examen?
—¿Eh? ¿Acaso llegaste a la academia sin saber nada?
Asentí ligeramente. Incluso ese insignificante gesto debió parecerle extraño; me miraba como alguien que ha descubierto una criatura insólita, sin saber qué hacer, pero con satisfacción.
—Se le nota todo.
Si pretende ocultar su género, no debería comportarse así. Ahora que lo pienso, había mantenido la voz grave bastante bien, pero al reír, el tono suele escapárseme.
—Jeje. Ah, lo siguiente es la entrevista.
—Sí, el proceso de admisión de esta Hell-Joseon es más de lo mismo. La academia no será diferente. Es una entrevista de presión frente a los mejores profesores del mundo. Probablemente empezará pronto, ¿no?
—¿Con tan pocos aprobados la empiezan ya?
¿No seremos ni veinte? Ante mis palabras, Jeong Chaemin agitó el collar de aprobado y dijo:
—Este año es duro. El número de aprobados es notablemente menor. Además, en la prueba práctica, esa espada centelleante estaba con los ojos inyectados en sangre… La academia no es tonta, seguramente harán convocatorias adicionales para cubrir las plazas.
La admisión adicional es común para mantener criterios de selección estables cuando no se cubren los cupos.
Ese sistema ofrece una segunda oportunidad a los aspirantes y es útil para completar las plazas vacantes.
—Es igual que la admisión a la universidad.
Aunque nunca hice el examen de acceso, la lógica que mencionaba Jeong Chaemin parecía impecable.
—En lugares de alta competencia como la Academia de Cazadores, si el proceso no alcanza el estándar, seleccionan candidatos de reserva con potencial excepcional.
El collar de aprobado colgaba de mi cuello, brillando bajo la luz. Ese pequeño objeto parecía comprimir la atmósfera; la rareza del éxito frente al peso de la exclusión.
—Así que he pasado un examen de este calibre, ¿no?
Mis hombros se encogieron instintivamente.
Mientras tanto, la prueba práctica finalizó y llegó mi turno para la entrevista.
—Ernian Ludwig, pase al edificio principal.
Como fui la primera en el escrito y en la práctica, parecía que también sería la primera esta vez. Jeong Chaemin me animó.
—Los de grado S también son personas, así que no te intimides ante los profesores y habla con confianza. ¡Fighting!
Asentí, me levanté y, junto con Hayang, me dirigí al edificio principal.
El edificio era imponente.
—Hooh. Es una construcción impresionante.
Incluso un jefe de mundo de otro plano se maravillaba. Extendí mi intención, pero mis intentos de medir su altura se perdieron en el vacío.
—Qué demonios de edificio es este, que ni siquiera entra en mi rango al extender la intención al máximo. Y no es un templo donde more un dios.
Ni siquiera podía discernir cuántos pisos tenía; su altura e inmensidad se alzaban ante mí de forma abrumadora.
El recepcionista de la entrada habló con calma.
—Puede subir hasta la planta más alta.
—¿No hay ascensor?
Buscar el ascensor era una pregunta natural después de subir tantas escaleras. Un niño no tendría la resistencia para llegar a la azotea, y yo, físicamente, soy una niña. Él me miró como si fuera una bicho raro.
—No me digas… ¿que en serio no hay ascensor? Esto es discriminación flagrante.
Aunque, pensándolo bien, los cazadores vuelan y saltan entre edificios, así que quizás la ausencia de ascensor sea lo de menos.
—Por aquí sí hay.
Afortunadamente, no era que no hubiera.
—Se abre la puerta.
Llegué a la azotea. Ante mí se alzaba una puerta de estilo antiguo y opresiva. Al acercarme, Aquiles habló con seriedad.
—Hmm. Que haya un ser de este nivel precisamente aquí…
—¿Hay algún problema?
—Al otro lado de la puerta hay un ser que no puede ser descrito adecuadamente con el lenguaje humano. Lo repito, bajo ninguna circunstancia abras los ojos. Actúa con suma cautela. No sueltes ni una chispa de tu razón y deja que todos tus sentidos aprendan el silencio.
Me pareció una exageración, pero si un jefe de mundo opinaba eso, debía ser algo fuera de lo común. Asentí levemente y abrí la puerta.
—No será que aquí hay un dios de la guerra, ¿verdad?
Sin embargo, en el instante en que introduje un pie en ese espacio, un sonido como un trueno retumbó en mi cráneo y un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
—Ha entrado un infante bastante peculiar.
Mi intención fue suprimida. No es que el otro hubiera hecho algo, sino que mi intención se intimidó ante la vasta y grandiosa narrativa que emanaba de ella.
—Los ordinarios poseen intención, pero tú, ¿cómo es que la esparces sin ningún reparo?
Al terminar de hablar, la intención que me envolvía se dispersó como hielo roto. Mi intención se derritió ante la inmensa narrativa que ella poseía. Como si hubiera vuelto a ser una ciega absoluta, toda mi percepción fue bloqueada. Me convertí, simplemente, en un punto.
—…Saludo a la Diosa de la Guerra.
Lo supe de inmediato. No podía haber más de una persona así en el mundo. La persona llamada la Primera Bajo el Cielo. La Diosa de la Guerra.
—¡Pero si dijeron que los entrevistadores eran cazadores de grado S!
La mujer frente a mí era una cazadora de nivel poder estatal, un individuo capaz de enfrentarse a un país entero.
En la oscuridad donde no veía ni un centímetro adelante, llegó su voz.
—Qué niño atrevido. Te pregunto, ¿qué relación tienes con la Parca?
La saliva descendió por mi garganta con un golpe seco.