Capítulo 20
Tras finalizar la reprimenda de la ama de llaves, Lily realizó una reverencia y se retiró caminando de espaldas antes de correr hacia el ala este, donde se encontraba Wolfram.
Aunque había jurado a Aiden actuar como una doncella corriente, aquello fue antes de descubrir que el cuerpo del emperador había sido usurpado por el líder de la secta.
Ahora el tiempo era un recurso crítico y, de continuar así, era imposible prever qué ocurriría con el alma del duque.
Todos los accesos al ala este estaban custodiados por caballeros de la familia imperial, impidiendo que el personal original del castillo entrase a su antojo.
Había oído que, de forma temporal, el lugar había sido designado territorio imperial, delegando las tareas en trabajadores traídos del palacio.
Era la primera vez que Lily recibía a un miembro de la familia imperial como invitado, por lo que lo aceptó con naturalidad, aunque Angelia, la ama de llaves, lo consideraba una humillación.
—Con la desfachatez de invitados no deseados que ni siquiera conocen los modales… ¡¿en qué nos tomarán?!. Si Su Señoría estuviera despierto…
Resultaba comprensible que necesitasen ayuda extra para el banquete, pero que insistieran en encargarse personalmente de provisiones o tareas domésticas denotaba una conducta bastante peculiar.
Ahora que conocía la verdad sobre el emperador, aquellos comportamientos excesivamente escrupulosos parecían ocultar una razón específica, aunque Lily no lograba determinar cuál era.
Lily contuvo el aliento antes de acercarse a los caballeros.
—Soy Lily Dienta, doncella a cargo de la oficina, y tengo un mensaje para el asistente Wolfram Burnett.
—Espere un momento.
¡Usaban lenguaje honorífico incluso con una doncella uniformada!
Uno de los guardias entró y, al poco rato, Wolfram salió a recibirla.
—¿Sucede algo?
—Es que ha surgido un asunto que requiere las instrucciones del asistente.
Lily lo apartó de los caballeros, sintiendo cómo sus miradas le quemaban la espalda.
Se esforzó por evitar gestos inútiles y adoptó una postura respetuosa antes de informar en voz baja sobre lo que había presenciado.
—Algo extraño ha suplantado al emperador y su alma auténtica vaga a la deriva. Sospecho que el líder de la secta Salomón posee ahora su cuerpo.
Decir aquello a plena luz del día sonaba irreal, pero Wolfram aceptó sus palabras con gravedad.
—¿Quiere decir que Su Majestad está en el mismo estado que Su Señoría?
—Es peor, pues alguien ha invadido su cuerpo y lo maniobra. Quizás por eso la condición de su alma era tan crítica; solo repetía las mismas palabras incesantemente.
—Si el líder de la secta es el ocupante, el propósito de esta visita resulta sumamente preocupante.
Wolfram era un interlocutor directo y resolutivo, por lo que Lily asintió con vehemencia.
—¡Exacto! Debemos proteger el cuerpo de Su Señoría como si fuera un fuerte inexpugnable.
—Ya he tomado precauciones, pero hay un problema: el emperador planea visitar el ala principal mañana.
—¡Nadie nos ha informado de nada!
—El ayuda de cámara vendrá pronto.
Era evidente que la ama de llaves colapsaría al enterarse, pues el ala principal estaba lejos de encontrarse en condiciones de recibir visitas.
—¿Qué pretende hacer allí? No queda nada. ¿Acaso no lo sabe?
—Afirmó que deseaba ver personalmente el lugar donde residía su amigo. Le advertí del estado en que se encuentra el ala, pero fue inflexible.
Maldito sistema de clases. Lily hervía de furia; era difícil oponerse a alguien que se sentía con derecho a registrar una propiedad privada.
—Desconozco si posee una habilidad como la suya, pero lo mejor será evitar que se encuentre con Su Señoría. Vaya al ala principal y adviértale antes de que comience la vigilancia.
Si la restringían el paso como en el ala este, no podría ver a Aiden, así que debía darse prisa.
Se separó de Wolfram y comenzó a caminar a paso ligero.
Pensó que la excusa del emperador sobre visitar a su amigo era poco convincente, pero carecían de poder para detenerlo.
Cuando estuvo lejos de la vigilancia del ala este, se levantó el faldón de su vestido y comenzó a correr.
Afortunadamente, los guardias imperiales aún no habían tomado el ala principal cuando ella abrió la puerta lateral de golpe.
Allí, sin necesidad de buscarlo, se encontraba Aiden Kashimir.
Sin recuperar el aliento, soltó la advertencia:
—¡Su Señoría, debe esconderse!
Aiden parecía confundido, como si no terminara de procesar la urgencia.
Frustrada, intentó agarrarle la muñeca, pero fue inútil, así que le sostuvo la mirada intensamente hasta que él, finalmente, reaccionó y la siguió hacia el cuarto de herramientas.
Aiden profirió un sonido de perplejidad mientras entraba. Ella lo siguió y cerró la puerta.
—¿Lily, qué sucede?
—Su Majestad también ha perdido su cuerpo.
Lily fue directa al grano.
—Hay otra alma ocupando su lugar, mientras que la verdadera sigue al cuerpo implorando por su recuperación.
Aiden murmuro el nombre del emperador.
—Dicen que vendrá mañana al ala principal. Como nada bueno puede salir de ese encuentro, le ruego que se esconda hasta que se marche. Probablemente no podré venir, pero ya he informado al asistente y él sabrá qué hacer.
Las palabras de Lily fluyeron con la velocidad de una ráfaga.
—Sé que resulta frustrante, pero resista. No vague por ahí sin motivo, ¿entendido?
Tras el aviso, Lily giró sobre sus talones, consciente de que no era prudente demorarse.
«Lily, espera un momento.»
Ella adivinó su intención y, como una niña temiendo un regaño, se anticipó a sus palabras.
—No haré nada peligroso ni me acercaré a Su Majestad. Me fundiré entre las doncellas, seré invisible, como si no estuviera aquí.
Solo entonces Lily se detuvo y lo miró, perpleja al no encontrar una respuesta de agradecimiento.
—No, de verdad, no es nada; es mi deber.
«Pero tengo la impresión de que terminarás buscándote problemas.»
Como esperaba, la reprimenda llegó.
Aiden esbozó una sonrisa incrédula.
—¡Es en serio!
Aunque Lily protestó indignada, él solo negó con la cabeza.
«Lily, si mueres, no habrá deseos cumplidos ni indemnizaciones ni nada por el estilo.»
«No actúes por impulso. Sabes que, ante cualquier necesidad, no debes precipitarte. Por favor, no te busques peligros innecesarios.»
Ya había escuchado advertencias similares, pero Aiden le suplicaba como si fuera la primera vez.
«No pretendo que te conformes con ser una mera mensajera, ya te debo demasiado. Pero, solo esta vez, aguanta hasta que el emperador se marche. Yo también me esconderé, ¿de acuerdo?»
Ante su insistencia, Lily sintió una extraña importancia y, con un toque de vanidad, pensó que sería fácil complacerlo.
—No se preocupe.
Lily lo afirmó con convicción.
«Ay… Preferiría pedirte que te quedaras escondida aquí conmigo.»
Murmuró aquello en un tono lo suficientemente alto para que ella lo oyera.
Satisfecha con haber cumplido su objetivo, Lily abandonó el ala principal confiando en que el emperador se marchara sin incidentes.
—Lily, ¿dónde andas correteando?
Ignorando la pregunta de su compañera, respondió que debía limpiar la habitación de la abuela y se dirigió a las dependencias de Julia.
Debido al despliegue imperial, Julia se había trasladado temporalmente a los barracones del personal, prueba de las molestias que causaba aquel hombre.
—Lily, ¿no deberías estar ocupada?
—Esa gente del palacio se ha llevado el trabajo y ni siquiera lo hacen bien, ¡es un desastre!
Repitió la explicación por tercera vez; la práctica la había vuelto mucho más concisa y clara.
Al susurrar los detalles dentro de la habitación, la expresión de Julia ensombreció.
—Primero el duque Kashimir y ahora el emperador… el futuro del Imperio me preocupa.
—Coincido plenamente.
Guardaron un silencio tenso durante un momento.
—¿Acaso nuestro dios carece de poder o será que Lumion es solo un dios terrestre?
—Lily, cuida tus palabras, eso es blasfemia.
—Pero es que… ¿cómo es posible que las almas se arranquen como si fueran simples zanahorias?
Lily sacó el labio inferior y refunfuñó.