Capítulo 25
[Recompensa]
-Semilla Aleatoria (F): Crece un cultivo de grado F al azar.
-Moneda Cósmica +2
[Recompensa]
-Semilla Aleatoria (F): Crece un cultivo de grado F al azar.
-Moneda Cósmica +1
Dos semillas y tres monedas cayeron en mis manos y, entusiasmado, me dirigí directamente a la huerta.
Las semillas, apenas enterradas, comenzaron a germinar con vigor.
«¿Otra vez tomates cherry?», mascullé decepcionado mientras plantaba la siguiente semilla a su lado.
«De nuevo, tomates cherry…», repetí al ver brotar la tercera.
Un extremo de color verde pálido comenzó a estirarse hacia arriba: «¿Es cebollino?»
Efectivamente, era cebollino.
«Tomates cherry y cebollino…», refunfuñé mientras abría el Manual de Supervivencia y, mientras colocaba los soportes a los tallos, añadí:
—A mí me gustan las fresas. Supongo que podré cultivarlas pronto, ¿verdad?
Frey asintió ante mis palabras.
Sonreí, satisfecho, y me dispuse a purificar la cosecha, pues no podía ingerir nada que gritara.
Contemplé los tomates y el cebollino, ahora en perfecto estado: «Al fin y al cabo, los tomates cherry son mejores para preparar jugo, ¿no?»
Arranqué el pedúnculo de un tomate fresco.
[Tomate cherry purificado]
Purifica instantáneamente una cantidad adecuada de contaminación.
—Oh.
¿El tomate cherry también purifica al instante?
Eso resulta extremadamente útil.
Fui recolectando los tomates uno a uno hasta llenar una cesta.
También se los ofrecí a Oppa.
Me pareció tan tierno verlo masticar que continué dándole muchos más, hasta que movió la cabeza rechazando el banquete.
—Come mucho, Oppa. Cuanto más te purifiques, quizá logres volver a ser humano.
Acaricié su cabeza y él, como si me pidiera que no me preocupara, golpeó mi mano suavemente con sus tentáculos.
—Entonces, esto…
Introduje los tomates en la máquina expendedora que había solicitado.
La unidad se selló, emitiendo un zumbido mientras comenzaba a procesar el jugo.
«¡Guau, tecnología alienígena!»
[Procesamiento de jugo completado.]
[Por favor, registre el precio de venta del Jugo de tomate cherry.]
[30-40 cc]
De haber dependido de mí, habría fijado el coste en 100 monedas, pero el sistema sugería entre 30 y 40.
«Mmm, ¿cuánto pongo?»
¿30 o 40?
Mientras meditaba la cifra, introduje un valor intermedio.
[35 cc]
Tras validar el precio, las latas de jugo se desvanecieron como por arte de magia.
[Se inicia la venta del Jugo de tomate cherry.]
Excelente, ¡compren rápido, terrícolas!
Sosteniendo la cesta vacía, solté una risita.
Mas, ¿dónde se habrá metido Cha Hae-eon?
Lancé una mirada a mi alrededor, preguntándome dónde estaría, pues hace un momento se hallaba en casa.
* * *
[Jugo de tomate cherry]
Gong Ju-won frunció el ceño al leer el escueto texto en la interfaz de la máquina.
Al abrir la lata, observó un líquido rojo como la sangre; permaneció inmóvil, sosteniendo el envase durante un largo rato.
Sentía las miradas clavadas en su espalda. Sus compañeros lo observaban con una intensidad inquietante.
—…Pero, ¿no dijeron que era agua purificada?
—Huele a tomate…
Ignorando los murmullos, Gong Ju-won cerró los ojos e inhaló; realmente olía a tomate fresco, como si proclamara su propia inocuidad.
Sumergió inmediatamente el líquido en un tester y, tras unos segundos de espera, el dispositivo señaló que no había rastro de toxicidad.
Ahora, el momento de la verdad era inevitable.
Gong Ju-won apretó los párpados.
Consumir una sustancia desconocida en una zona contaminada era una aventura temeraria, pero no tenía más opción si quería informar a sus superiores.
Glup.
En el instante en que bebió, una frescura intensa, semejante a morder un tomate recién cosechado, inundó su paladar.
—…¡!
¡Glup, glup, glup, glup!
A medida que un dulzor sutil y limpio se esparcía por su boca, bebió sin freno hasta la última gota.
—¡Ah!
Exhaló, limpiándose la comisura de los labios con un regusto dulzón que resultaba casi conmovedor.
Pero lo impactante no fue solo el sabor, sino lo que descubrió al abrir su ventana de estado.
«El índice de contaminación…»
[Índice de contaminación: 0%]
¿Se había purificado por completo con una sola lata?
Si este dato salía a la luz, el mundo entero se vería patas arriba.
Incluso los purificadores de mayor rendimiento solo lograban reducir un 1% por hora, consumiendo cantidades ingentes de piedras mágicas.
Esto sobrepasaba cualquier lógica, convirtiéndose en algo difícil de creer.
—Jefe de equipo, ¿se encuentra bien?
Gong Ju-won regresó a la realidad, dándose cuenta de que permanecía paralizado, sosteniendo la lata con mirada atontada.
—¿Hay algún problema…?
—No, ninguno.
Más bien, el problema era la alarmante ausencia de anomalías.
Clac, clac.
Las monedas del grupo comenzaron a fluir hacia la máquina expendedora.
El inventario indicaba que quedaban 9 latas.
Afortunadamente, sus fondos eran suficientes para adquirir todo el cargamento de jugo.
Mientras Gong Ju-won guardaba la última lata en un contenedor, llegó a cuestionarse si sería posible confiscar la máquina expendedora al completo.
En el cristal de la unidad, se reflejaron los rostros de sus subordinados.
—…¡!
Gong Ju-won bajó la mirada, luchando por controlar su respiración agitada.
A pesar de su juventud, contaba con experiencia de campo, pero su instinto le gritaba que la reacción de su equipo, con los ojos desorbitados, no era natural.
—¿Es este el último producto en stock?
Habló con la mayor naturalidad posible, alzando la vista de nuevo hacia el reflejo en el cristal.
Sus hombres tenían los ojos abiertos de par en par, con una rigidez grotesca, como si alguien les forzara los párpados.
Un escalofrío recorrió su espalda.
«¿Se habrán mutado por la contaminación?»
La noche anterior, todos estaban dentro de los límites de seguridad y portaban sus purificadores. ¿Cómo era posible tal degradación?
Gong Ju-won estrechó el contenedor contra su pecho, paralizado.
«¿Qué hago ahora?»
¿Debería obligarles a beber el jugo?
¿Sería posible la purificación una vez iniciada la mutación?
Justo cuando contemplaba la posibilidad, un sonido le puso en alerta.
Ssshh— Ssshh—
Escuchó una respiración sibilante proviniendo del exterior del traje.
Gong Ju-won desenfundó su pistola y pivoto sobre sus talones.
«¡Un traje de protección amarillo…!»
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!