Capítulo 14
El estorbo de la casa del duque
—Señora, la baronesa Sionell ha llegado.
Era una de las doncellas del ducado que servían a Blair.
Blair ladeó la cabeza. Las doncellas del ducado la evitaban tanto como admiraban a su amo, Herdin, por lo que siempre recaía en Lina la tarea de transmitirle los mensajes.
Blair terminó apresuradamente el té con Agnes, abandonó el invernadero y regresó a la mansión.
La baronesa Sionell, que la aguardaba en su dormitorio, la recibió con su característica voz aguda.
—¡Vaya! Se ha vuelto aún más hermosa tras el matrimonio, Su Alteza. No, ahora debo llamarla duquesa.
—Quería agradecerle por el vestido de novia, pero he estado tan abrumada que no pude contactarla.
—Dado que la mujer más bella del imperio lo vistió, soy yo quien debe agradecerle. Además, es un honor que me conceda la oportunidad de confeccionar su primer vestido después de la boda.
Blair recorrió la habitación con la mirada mientras escuchaba las adulaciones de la baronesa Sionell. Tampoco divisaba a Lina por ninguna parte.
—He seleccionado cuidadosamente telas ligeras y con buen aislamiento térmico, tal como el duque sugirió hace tiempo. Parece que estaba preocupado de que pudiera resfriarse, señora.
Las banalidades de la baronesa Sionell se desvanecieron de la mente de Blair sin dejar rastro.
Lo único relevante para ella era que Lina no se encontraba en esa habitación.
Lina no apareció ni siquiera mientras Blair examinaba los vestidos que trajo la baronesa Sionell y decidía el diseño de la nueva prenda.
Después de que la baronesa Sionell se marchara, Blair le preguntó a una doncella cercana lo que la había estado inquietando.
—¿A dónde fue Lina?
Ante esto, la doncella vaciló y respondió evitando la mirada de Blair.
—Eso… no lo sé. Yo también… ¿Quiere que vaya a buscarla?
—No. Déjala.
Blair se levantó y volvió a cubrirse con la bata de piel que se había quitado.
—¿Va a salir a caminar?
La doncella se dispuso a seguir a Blair, pero ella la detuvo.
—Iré sola.
Blair abandonó la habitación dejando atrás a la doncella. Las criadas que aguardaban frente a la puerta se inclinaron ante ella.
Blair pasó junto a ellas, descendió al primer piso y luego regresó silenciosamente hacia arriba. A través de la rendija de la puerta entreabierta, escuchó los susurros de las doncellas.
—¿A dónde se fue Lina? No me digan que está llorando en algún lado solo porque le cayó un poco de agua sucia encima.
—¿Llorar? Para nada. Se fue a lavar sin pestañear. Qué aburrida.
—En fin, es dura. Salió igual que su ama. Aun así, le costará quitarse el olor.
—Pero, ¿no creen que vaya a delatarnos con la señora?
—Si fuera a hacer eso, ya habría pasado algo hace tiempo. Ella también lo sabe. Por mucho que su ama sea una noble princesa, en este ducado no es más que un estorbo.
Al escuchar la conversación, Blair apretó el borde de su vestido. Sus labios carmesí temblaron levemente.
Su presentimiento era correcto.
Por mucho que la odiaran, ella era la única hermana del emperador. En lugar de atacar a Blair, a quien no podían enfrentar, estaban atormentando a su doncella, Lina.
Sin embargo, surgió una duda.
Conociendo la personalidad habitual de Lina, jamás se habría quedado callada. ¿Por qué una chica así lo soportó?
Solo entonces Blair lo comprendió.
Lina lo estaba tolerando para evitar que la reputación de Blair, quien ya era el patito feo del ducado, empeorara aún más.
«Probablemente fue así también en mi vida anterior. Solo que yo estaba tan sumergida en mi propia situación que no me di cuenta…».
Al comprenderlo, Blair se mordió el labio inferior con fuerza.
Sobresaltada por una voz que provenía de detrás de ella, se giró y encontró a Lina. Vestía un uniforme de doncella nuevo y limpio, pero su cabello aún húmedo demostraba que acababa de lavarse.
Blair tomó la mano de Lina, quien aún no comprendía la situación, y entró en la habitación.
Las doncellas que estaban reunidas chismeando se sobresaltaron y bajaron la cabeza ante la aparición de Blair, quien regresó más rápido de lo esperado.
Blair se acercó a ellas y habló.
En sus ojos había un frío glacial. Las doncellas que cruzaron mirada con ella retrocedieron intimidadas por esa aura.
Para ellas, Blair era alguien con quien debían ser cuidadosas, pero no una ama aterradora. Era una mujer que existía en silencio, siempre con expresión impasible, como una muñeca o un cuadro, sin haberse enfadado jamás.
Sin embargo, al encontrarse con esos ojos llenos de una furia gélida, quedaron desconcertadas y no pudieron articular palabra.
Blair les dijo nuevamente, con calma, a aquellas que estaban congeladas ante la situación inesperada.
—Les he dicho que le pidan disculpas a Lina.
—N-no entiendo a qué se refiere de repente, señora. No sabemos qué hemos hecho mal…
Sin dar tiempo a que nadie interviniera, Blair abofeteó a la doncella. No solo la golpeada, sino también las otras doncellas y la propia Lina quedaron horrorizadas.
Blair miró hacia abajo a la doncella que había caído por el impacto. La palma de su mano, la que había usado para golpear, palpitaba como si ella fuera la que hubiera recibido el golpe.
Sintió como si se hubiera convertido en Katrina. Era una sensación desagradable y aterradora. Su corazón latía con fuerza y sentía náuseas, como si fuera a vomitar en cualquier momento.
Pero para proteger a Lina, no podía retroceder ahora.
Blair apretó con fuerza su mano temblorosa.
—Ustedes saben mejor que nadie a qué me refiero.
—S-Su Alteza. Yo estoy bien. De verdad.
Lina, recuperando el sentido, sujetó a Blair. En una situación donde la gente del ducado ya no veía con buenos ojos a Blair, no convenía agravar el problema.
Además, si Herdin llegaba a ver esto…
—… Yo no estoy bien.
Blair añadió con el rostro desencajado, como si estuviera a punto de llorar, pero con los ojos encendidos de ira.
—No me parece nada bien que pases por esto por mi culpa.
—¿Qué sucede aquí?
Herdin apareció por la puerta abierta. Vestido con ropa de salida y sosteniendo guantes de cuero, parecía que había escuchado el alboroto mientras se disponía a partir.
Ante su repentina aparición, las doncellas y Lina palidecieron y bajaron la cabeza.
Herdin se puso los guantes mientras analizaba rápidamente la situación en la habitación.
Una doncella sujetándose la mejilla enrojecida y Blair, con las manos temblando levemente.
No le tomó mucho tiempo comprender lo ocurrido.
Mientras todos guardaban silencio, solo la doncella golpeada por Blair se levantó y se adelantó hacia Herdin.
—Esta chica no hizo bien el trabajo que se le asignó y se comportó con arrogancia, así que le di un castigo, pero la señora parece tener un malentendido—
—Yo no te he preguntado nada.
Fue un corte seco pero contundente. La doncella cerró la boca y bajó la cabeza.
La mirada de Herdin se dirigió a Blair. Él aguardaba sus palabras. Las doncellas también miraron a Blair.
Ellas planeaban cerrar el asunto culpando a Lina.
Por mucho que Herdin no apreciara a Blair, querían evitar enfrentarse a ella, quien era la duquesa y había sido princesa.
Y pensaron que Blair, al no querer agrandar el problema, accedería a seguirles la corriente.
Sin embargo, Blair rompió totalmente esa expectativa.
—Estas chicas estaban marginando y atormentando a la persona que yo traje, así que las estaba castigando.
Las doncellas se sorprendieron por la reacción de Blair, pero no se preocuparon demasiado. No había forma de que Herdin se pusiera del lado de Blair, la hija de su enemigo.
Blair tampoco esperaba que Herdin creyera en sus palabras. Pero, aun así, no quería terminar esto dejando que Lina cargara con toda la culpa.
—Es mi negligencia por no haber educado bien a mis subordinados. Me encargaré de prescindir de estas chicas pronto.
Él no hizo más preguntas y creyó en las palabras de Blair.
Al escuchar eso, los rostros de todas las doncellas se pusieron pálidos. Blair también lo miró con ojos sorprendidos.
Lina, que observaba la situación, dijo apresuradamente:
—E-Excelencia. Yo estoy bien. Es cierto que bromearon un poco, pero esto es parte del proceso para hacerse amigas.
Blair, notando la incomodidad de Lina, coincidió con ella.
—Herdin. Eso… me parece un castigo demasiado severo. Una disculpa sincera y la reducción de la mitad del salario de este mes sería suficiente.
Las doncellas, que estaban inquietas, se arrodillaron.
—¡Lo sentimos, Excelencia! Fuimos torpes y cometimos este acto imprudente. Por favor, perdónenos solo una vez.
—Las disculpas deben ser para la señora y para esta doncella, no para mí.
Herdin respondió fríamente y luego le dio una orden a Mason, quien llegó un paso más tarde tras enterarse de la noticia.
—Mason, recorta dos meses de salario a estas personas.
—Me parece que este nivel es el castigo adecuado.
Blair lo llamó para objetar la sanción, pero Herdin la interrumpió como si supiera lo que diría a continuación sin necesidad de escucharlo.
Ruth, revisando su reloj de pulsera, llamó a Herdin. Era la señal de que había llegado la hora.
—Ya me retiro.
Herdin atrajo suavemente a Blair por el hombro y besó su frente tersa.
Blair, sorprendida por su comportamiento inusual, comprendió su intención solo cuando vio a las doncellas a su lado.
Les estaba advirtiendo. Que esta mujer es su esposa. Que no permitieran que algo así volviera a suceder.
Blair miró distraídamente la espalda de él mientras salía del dormitorio.
Él creyó en sus palabras.
Sin embargo, ¿por qué sentía una sensación de vacío más grande que la gratitud?
Que el problema que habría atormentado a Lina durante tres años antes de su regresión se resolviera con solo unas pocas palabras de él.
Esa noche, Lina se dirigió al dormitorio de Blair llevando una bandeja de plata con agua fría y una toalla.
«Nuestra princesa, si la dejamos así, seguramente se le harán moretones en esas manos tan delicadas».
Golpear a alguien es algo que solo puede hacer alguien con una constitución firme.
Esas manos frágiles y hermosas, que jamás habían realizado un trabajo duro y mucho menos golpeado a alguien, no podrían soportar el fuerte impacto de hoy.
«Lo siento, Lina. Siento mucho haberme dado cuenta tan tarde…».
Nuestra princesa, tan sensible que se siente culpable incluso después de salvarla. Al pensar en la mejilla endurecida de la doncella que golpearon esas manos delicadas, le parecía sencillamente indignante.
—Señora, soy yo. Entraré un momento.
Lina abrió la puerta con el codo en lugar de la mano que sostenía la bandeja de plata y entró en la habitación de Blair. Al mismo tiempo, dejó caer la bandeja que había traído con tanto cuidado.