Capítulo 163
163. El plan del hermano menor de Asiel (1)
10.02.2024
Cuando llegó mayo, la bañera se colmó de flores de cinco colores.
Llenar la tina que usaba Bleier con pétalos era tarea de Melli.
«Ayer fueron rosas rojas, hoy lilas; me pregunto qué flores pondrá mañana».
Bleier terminó su baño sintiéndose placentera, sonriendo ante el aroma de las flores que Melli había dispuesto.
Al salir del baño, se dirigió a la habitación de Asiel. Quería darle las buenas noches al niño y vigilar que se durmiera.
Desde el nacimiento de Asiel, durante los últimos ocho años, aquello había sido una rutina que nunca había omitido, salvo en días de enfermedad o eventos especiales.
—Asiel, ¿estás dormido?
Al llamar a la puerta, se escuchó un estrépito dentro de la habitación seguido de la voz apresurada de Asiel.
—¡Es, espere un momento!
Aunque no podía ver el interior de la estancia, solo por el sonido percibió que el niño estaba escondiendo algo.
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Bleier mientras esperaba.
«Ya tiene edad para tener secretos».
Se sentía un poco triste porque él ya era lo suficientemente mayor como para ocultarle cosas, pero aun así, no tenía intención de obligarlo a revelarlos.
Tras esperar un momento, la puerta se abrió y apareció Asiel.
El niño, con el cabello negro ligeramente rizado y unos ojos violetas que parecían teñidos de amatista, se asemejaba paso a paso al retrato de Herdin durante su juventud.
—Tenía los juguetes muy desordenados y estaba organizándolos…
Antes de que Bleier pudiera preguntar nada, el niño empezó a balbucear la razón por la que había tardado en abrir la puerta. Resultaba evidente que ocultaba algo.
Sin embargo, Bleier no insistió y cambió de tema.
—¿Ya estás listo para el banquete de mañana?
—¡Sí! También preparé un regalo para la bebé.
Mañana, los tres debían asistir al banquete celebrado en la residencia de Pellik Hujak. Era el primer cumpleaños de la hija menor de Yohan.
Bleier acarició la cabeza del niño.
—Muy bien. A Rusi le encantará.
—Parece que papá llegará tarde porque salió lejos hoy. Así que hoy mamá te acostará.
—No hace falta que me acuestes…
Asiel habló sin pensar, pero al darse cuenta de que sus palabras podrían malinterpretarse, añadió apresuradamente:
—Es, es decir… no es que no quiera, es que sería una molestia para mamá. Debe estar ocupada. Además, ya no soy un bebé.
Bleier parpadeó ante el comentario de Asiel.
A pesar de ello, verlo afirmar que ya no era un bebé le resultaba tierno y, a la vez, un poco triste.
—No es ninguna molestia. Para mamá, tú eres la prioridad absoluta.
Asiel se acostó en la cama y Bleier apagó la lámpara de noche. A diferencia de antaño, lo hizo con naturalidad. Fue un gran cambio que ocurrió tras convertirse en madre.
En la habitación a oscuras, mientras cerraba los ojos, Asiel juntó sus manos repentinamente, como si recordara algo. Parecía que estaba pidiendo un deseo.
Cuando Bleier miró al niño con curiosidad, Asiel susurró sin abrir los ojos.
—La otra vez mamá dijo que cuando tenía un deseo, rezaba todos los días, ¿verdad? Por eso últimamente yo también rezo todas las noches antes de dormir.
Solo entonces Bleier recordó que hace unos días le había contado a Asiel historias de su infancia.
«Si rezas con fervor todos los días, a veces Dios escucha esa voz y concede el deseo».
El anhelo de que Katarina la amara no se cumplió.
Pero en lugar de Katarina, tuvo a Esmeralda, quien la amó como a una hija y le brindó un cariño desbordante.
Y el deseo que pidió por Herdin, aunque tomó mucho tiempo, terminó cumpliéndose, así que se podría decir que aquel ruego fue escuchado.
Bleier esperó un momento hasta que el niño abrió los ojos y preguntó con suavidad.
—¿Cuál es tu deseo?
Asiel, que normalmente le contaría todo a su madre, guardó silencio repentinamente como si recordara algo tarde.
—Dicen que los deseos no se deben contar. Así que es un secreto.
—Eso me da más curiosidad.
—Aun así, no puedo.
Ante la actitud firme del niño, Bleier soltó una risita y acarició su suave cabello.
—Dios seguramente concederá tu deseo.
Luego, besó la frente redondeada del niño y susurró:
—Ten dulces sueños, mi pequeño.
Una voz suave y cariñosa como el plumón se asentó en la oscuridad de la noche.
Cada vez que Asiel escuchaba la voz de su madre, sentía que su pecho se llenaba de esa misma calidez. Cuando se sentía así, su sinceridad siempre se escapaba antes que sus pensamientos.
—Te quiero, mamá.
—Yo también te quiero.
La presencia de su madre, siempre elegante, se alejó y pronto la puerta de la habitación se cerró silenciosamente.
Mirando hacia la puerta cerrada, Asiel salió sigilosamente de la cama y sacó un libro que tenía escondido en el cajón.
Al llevarlo hacia la ventana, la brillante luz de la luna iluminó claramente la portada del volumen.
«¿Cómo nacen los hermanos menores?»
Era un libro adaptado al nivel de los niños.
Asiel, que leía la obra con una expresión sumamente seria, no volvió a la cama hasta que escuchó el reloj de pared anunciar las diez de la noche.
Después de todo, no podía llegar tarde al banquete de mañana.
El niño cerró los ojos y volvió a pedir un deseo ferviente.
«¡Dios, por favor, haz que tenga un hermano menor!».
—¡Feliz cumpleaños, Rusi!
Los vítores se elevaron junto con el sonido de los aplausos.
El banquete al aire libre celebrado en el jardín de la residencia de Pellik Hujak estaba más animado que de costumbre.
Normalmente, en los banquetes donde asistían niños, se creaban espacios separados para ellos, pero en el evento de hoy, tanto padres como hijos se reunieron en un mismo lugar.
Porque hoy no era un banquete de adultos, sino una celebración para niños.
Los adultos entregaban los regalos que habían preparado y daban sus felicitaciones, mientras que los pequeños correteaban por todo el lugar, alejándose de sus progenitores.
Asiel no fue la excepción.
Sentado en una mesa con sus amigos, Asiel mojaba trozos de pan en chocolate fondue mientras miraba hacia donde estaba la protagonista del banquete.
Al final de su mirada se encontraba la hija menor de Yohan, Rusi.
Mientras Asiel no podía apartar la vista de la bebé, una niña que comía pastel a su lado intervino.
—Entonces, Asiel, ¿estás diciendo que quieres un hermano menor?
Senika era la hija del conde Arbon y una de las niñas más cercanas a Asiel.
Asiel asintió.
—Sí. Preferiblemente una hermana menor, pero un hermano menor también estaría bien.
Entonces, Jemie, que estaba sentado a la derecha de Asiel, en el lado opuesto a Senika, se encogió de hombros como si no pudiera comprenderlo en absoluto.
—¿Pero por qué? Las hermanas menores son aburridas y solo resultan molestas.
—Ya ves. Los hermanos mayores son aburridos y solo son tontos.
—¡Tú empezaste!
Senika y Jemie empezaron a discutir rápidamente. Los dos niños, cuyos rostros se asemejaban mientras gruñían el uno al otro, eran hermanos gemelos.
Asiel, acostumbrado a aquella situación, comía sus bocadillos con rostro tranquilo aun estando atrapado entre ellos.
Rilliana, que estaba sentada frente a Asiel, preguntó:
—Pero, Asiel, ¿por qué quieres un hermano menor? Se pasan todo el día siguiéndome. Jugar con ellos es tedioso. Es aburrido.
Rilliana tenía dos hermanos menores. Parecía que los amigos que ya tenían hermanos no podían comprender el sentimiento de Asiel.
En ese momento, Joshua, que comía galletas en silencio, intervino coincidiendo con el sentir de Asiel.
—Yo entiendo a Asiel. A mí también me gustaría tener un hermano menor. Si tuviera uno, podría hacer que él hiciera los recados que mi hermano mayor me manda.
Recordando la imagen de su amigo, que siempre se quejaba de que su hermano lo burlaba y molestaba, Asiel creyó comprender por qué Joshua decía aquello.
Pero Asiel lo sabía.
«Todos dicen eso, pero en realidad se llevan bien con sus hermanos».
Le daban envidia tanto las peleas entre Senika y Jemie, como que Rilliana encontrara molestos a sus hermanos, o que Joshua saliera de caza con su hermano a pesar de que este se burlara de él.
Entre sus amigos, solo Asiel carecía de hermanos o hermanas.
Asiel comió el pastel con semblante desanimado.
Sintiendo ese estado de ánimo, Bbi Bbi, que estaba envuelto alrededor del cuello de Asiel como una bufanda, frotó su cabeza contra la mejilla del niño.
Después del nacimiento de Asiel, Bbi Bbi se convirtió en su mejor amigo. Ya lo era antes, pero al pasar tiempo con el niño, se volvió aún más amigable con los humanos, hasta el punto de que podía llevarlo consigo.
Rilliana, al notar que la expresión de Asiel se volvía sombría, cambió rápidamente de actitud.
—B-bueno, pero tú tienes a Bbi Bbi.
—Pero Bbi Bbi en realidad es mayor que yo.
Asiel sacó trozos pequeños de carne seca de su bolsillo, se los dio a Bbi Bbi y añadió:
—Y sobre todo, Bbi Bbi no es una persona. No puede jugar a la pelota conmigo ni entrenar esgrima.
Cuando Bbi Bbi ladeó la cabeza, Asiel corrigió apresuradamente.
—Por supuesto, no quiero decir que esté decepcionado de ti, Bbi Bbi. Estás haciendo todo lo posible como mi hermano.
Solo entonces los hermanos Arbon, que habían notado el desánimo de Asiel, se sentaron discretamente. Senika, que observaba la situación mientras comía pastel, preguntó:
—Pero los hermanos menores tienen que hacerlos mamá y papá. ¿Has hablado con ellos?
Asiel soltó un suspiro. No es que no hubiera intentado hablar con su padre.
Sin embargo, la respuesta que recibió fue…
«Eso es un poco problemático».
«El día que naciste, mientras te miraba, hice una promesa».
«Prometí que te daría todo el amor que pudiera darte».
Fue una decisión tomada por la culpa de no haber sido bueno con él en su vida pasada, y por el amor hacia el niño que había regresado a él cargando con los recuerdos de un pasado doloroso.
Sin embargo, Asiel, que no tenía forma de conocer el corazón de su padre, seguía anhelando un hermano menor.
«Yo estoy dispuesto a ceder parte del amor de papá para mi hermano menor».
Aunque cederlo todo sería un poco problemático.