Capítulo 24
En el teatro
A diferencia de aquel primer encuentro en el gremio, vestía un traje que, a simple vista, parecía ser sumamente costoso.
Además, no llevaba los lentes redondos que ella había visto anteriormente.
Quizás aquel accesorio había disfrazado su apariencia para proyectar una impresión dócil, pues sin ellos sus rasgos se percibían más afilados, contrastando con la suavidad de su primera impresión.
—Espero que el trayecto hasta aquí no haya sido demasiado agotador.
—Gracias a ti, todo ha marchado bien.
Había resultado complejo convencer a los caballeros de que deseaba ir y volver discretamente, sin atraer la atención de terceros.
Una vez que llegó al teatro, no surgieron complicaciones; entró por la puerta trasera para evitar miradas y el gerente la guio personalmente.
Tarde o temprano tenía la intención de provocar un escándalo, pero ahora era prematuro. Por lo tanto, no tenía más remedio que soportar cierta incomodidad.
Mikhail le tendió la mano a Blair. Habiendo vivido como princesa, ella aceptó la escolta con naturalidad y tomó asiento.
Mikhail le ofreció una copa de vino ya servida. Su postura era la de alguien plenamente habituado a atender a los demás.
Blair tomó la copa y preguntó:
—Entonces, ¿ya se concretó la compra de la mansión en el reino?
Mikhail, que estaba a punto de presentar el vino, soltó una pequeña risa al notar que Blair iba directo al grano.
—Vaya, no me concede ni un respiro. Me siento un poco decepcionado.
Blair parpadeó, sin comprender a qué se refería. Después de todo, el propósito de reunirse con él era la solicitud; no existía ningún otro tema de conversación entre ellos.
Mikhail, manteniendo la sonrisa en el rostro, extrajo una pequeña moneda de su bolsillo interior y se la mostró.
—Para comenzar por lo principal: la compra de la mansión se completó con éxito. Si lleva esto a Agenta y busca el lugar indicado en la moneda, le entregarán los documentos de compraventa.
Blair tomó la moneda y la examinó.
En el anverso había una inscripción en idioma clania. Blair, que había estudiado lenguas extranjeras durante su tiempo como princesa, leyó sin dificultad: «La última copa de Clania». Probablemente se trataba de una expresión metafórica.
Acto seguido, Mikhail le entregó una placa de madera y añadió una explicación.
—Y esto es la identificación que solicitó.
—Buen trabajo. Mañana enviaré el pago al gremio a través de mi sirvienta.
—Me alegra haber podido ayudarla —respondió Mikhail con una sonrisa. Al verlo así, parecía recuperar esa aura dócil que emanaba cuando usaba los lentes.
Justo cuando Blair iba a preguntarle sobre ellos, se cerró el telón negro del escenario.
—Parece que la obra está por comenzar.
Tras esperar un instante, el telón se abrió y los actores aparecieron en escena.
Poco después, un narrador apostado a un lado del escenario comenzó la lectura, dando inicio a la representación.
«Hace mucho tiempo, existían animales sagrados que protegían este mundo. La gente los llamaba Bestias Sagradas.
Provenientes de otro mundo, poseían un poder infinitamente superior al de los humanos y los demonios. Sin embargo, no codiciaron más poder ni dominaron a los débiles, sino que se esforzaron por mantener el equilibrio y la paz de este mundo».
El contenido de la obra relataba la historia de las Bestias Sagradas, algo que Blair había experimentado frecuentemente desde niña a través de piezas teatrales y libros. Era un relato que cualquiera nacido y criado en el Continente Occidental conocería.
Y tras casarse, fue una historia con la que volvió a entrar en contacto mientras estudiaba la genealogía de la familia del Duque de Delmarck en su rol de ama de casa.
Ya que Helios, el protagonista de esta obra, era la Bestia Sagrada que prestó su poder al primer Duque de Delmarck.
Presenciar esa historia nuevamente le provocó sentimientos encontrados.
Mikhail, notando que Blair estaba absorta en la obra, añadió una explicación.
—Es la historia de Helios, la última Bestia Sagrada, y su amante, la caballero humana Arwen. Es una obra bastante interesante.
El inicio de la trama narraba cómo Helios, quien a diferencia de otras Bestias Sagradas era hostil hacia los humanos, fue abriendo gradualmente su corazón mientras Arwen se acercaba a él.
Ambos, aún jóvenes, estrecharon su vínculo gracias a la sociabilidad de Arwen, forjaron una amistad y emprendieron una aventura. En sintonía con el relato, una música grandiosa empezó a resonar.
En ese momento, un ruido tenue se filtró entre la música. Sonaba como el llanto de una mujer.
Blair, extrañada, miró hacia la dirección de donde provenía el sonido. El origen era la habitación contigua.
Blair parpadeó sorprendida mientras observaba la pared, pero pronto comprendió la naturaleza de aquel sonido.
Entonces, la voz de Mikhail se escuchó detrás de ella.
—Este teatro es ese tipo de lugar.
Como si estuviera acostumbrado a tales situaciones, añadió la explicación mientras bebía el vino con naturalidad.
—Un lugar donde amantes secretos se encuentran y comparten su pasión; es el sitio adecuado para el propósito de la solicitud de la señora. Por eso, la obra incluye tantas escenas de combate.
Porque solo si el escenario es ruidoso, se podrán ocultar todos los sonidos que emanan de los salones.
Al escuchar las palabras de Mikhail, el rostro de Blair se encendió. Giró la cabeza, como si le resultara vergonzoso incluso mantener el contacto visual con él, pero en su expresión desconcertada se leía claramente su pensamiento.
«Cielos, ¿cómo pueden hacer algo tan indecente…?».
Que alguien que se horrorizaba por tales actos estuviera planeando provocar escándalos con varias personas como motivo de divorcio. Esa disonancia resultaba, de alguna manera, tierna.
Sin embargo, como si quisiera burlarse de Blair, los sonidos de la habitación contigua se volvieron cada vez más intensos.
Blair no podía concentrarse en la obra y sus ojos se movían inquietos de un lado a otro.
Mikhail, al verla así, soltó una risita y cambió de tema.
—Después de su divorcio, ¿tiene algún otro plan?
—Primero, estoy pensando en iniciar un negocio. Aún reflexiono sobre qué tipo de emprendimiento sería el ideal.
Mikhail, quien había lanzado la pregunta sin mayor intención más que distraer la atención de Blair de la habitación contigua, se sorprendió internamente al escuchar su respuesta.
Le resultó curioso que ella, quien había vivido toda su vida sin carencias, afirmara que se lanzaría directamente al mundo de los negocios.
—¿Ya ha reunido el capital inicial?
—Tengo planeado hacerlo pronto. Para reunir ese capital, necesito tu ayuda.
Las joyas y objetos valiosos que Blair poseía como princesa ya habían sido casi agotados al encargarle el trabajo a Mikhail.
Por ello, Blair trazó otro plan para obtener el capital del negocio utilizando sus recuerdos del futuro.
Sin embargo, no tenía la intención de robar la idea de negocio de otra persona. Aunque había regresado al pasado como un milagro, sentía que no debía usarlo únicamente para beneficio personal.
En su lugar, lo que ella buscaba era…
«Si mis recuerdos son correctos, pronto el mayordomo de mi hermano comprará unos cuantos cuadros en una subasta».
Cuando asistió a una cena familiar, Ivan había insultado a su mayordomo alegando que había adquirido cuadros baratos.
No obstante, el pintor de esas obras se haría famoso dos años después al captar la atención de la familia del Marqués de Piazze, conocidos por patrocinar artistas de generación en generación, y consecuentemente, el precio de sus lienzos se dispararía.
Solo entonces, Ivan sacaría los cuadros que había dejado abandonados en el almacén para alardear de su ojo artístico.
Blair planeaba arrebatarle una pequeña parte de lo que en el futuro le pertenecería a Ivan.
Considerando todo lo que él le había arrebatado durante toda su vida, pensó que no estaría mal tomar esto como su compensación.
Se justificó a sí misma de esa manera.
«Tardarán dos años en subir de valor, pero de todos modos planeaba descansar hasta el nacimiento de Asiel».
Tras el tema de los negocios, Mikhail siguió dirigiendo la conversación con destreza, induciendo a Blair a que no se concentrara en los sonidos de la habitación contigua.
Habiendo viajado por varios países como maestro del gremio, relató historias que inevitablemente cautivaron a Blair, y él contempló en silencio los ojos de ella, que brillaban más que nunca.
Poco después, cuando la habitación de al lado quedó en silencio, Mikhail concluyó la conversación con naturalidad. Gracias a ello, Blair pudo terminar de disfrutar la obra que había visto de niña.
Finalmente, la función terminó.
—Permítame escoltarla.
Mikhail le tendió la mano a Blair. Ella la tomó y se puso de pie.
Sin embargo, tras dar unos pocos pasos, Mikhail se detuvo frente a la puerta.
—Lamentablemente, mi escolta termina aquí. Porque aún no es el momento.
Blair, observando la situación, preguntó repentinamente:
—¿Eres noble?
Incluso en el futuro que Blair conocía, la identidad de Mikhail nunca fue revelada. Naturalmente pensó que era un plebeyo, pero al conocerlo en persona, notó que era muy hábil en la etiqueta noble.
Ante la pregunta imprevista de Blair, Mikhail sonrió.
—Me alegra que lo parezca.
Respondió con suavidad, evadiendo la respuesta con naturalidad. Al darse cuenta de ello, Blair no volvió a preguntar.
Mikhail besó ligeramente el dorso de la mano de Blair y la soltó.
—Entonces, nos veremos pronto, señora.
—Bienvenida, señora.
Al llegar a la mansión ducal, Mason y los sirvientes que estaban formados la recibieron.
Mientras entraba en la mansión, Blair preguntó:
—Sus actividades de la tarde terminaron temprano, así que regresó hace un momento.
Al escuchar que Herdin estaba en la mansión, el corazón de Blair dio un vuelco.
No había ocurrido nada con Mikhail en el teatro y, aunque actualmente mantenía con Herdin un matrimonio de fachada basado estrictamente en un contrato, se sentía ansiosa. Como alguien que regresa a casa después de haber cometido una infidelidad.
A pesar de que todo esto era solo parte de un plan para asegurar el divorcio, tal como él deseaba.
Como había ocurrido últimamente, Blair subió las escaleras esperando no cruzarse con Herdin.
Pero el destino no estaba de su lado.
Junto a la puerta de la habitación estaba Herdin, esperándola.
Su esposo, que no había dado señales de vida en los últimos quince días, la miraba con ojos gélidos.