Capítulo 81
Capítulo 81. Durante toda la noche, para no dejarte escapar
20.11.2023.
—…¿Ha bebido?
Bleier fue quien rompió primero el silencio que fluía entre los dos.
Al ver que el delicado ceño de ella se fruncía ligeramente por la preocupación, Herdin soltó una risita y respondió.
—¿Por qué? ¿Vas a empezar con los sermones también?
Él no respondió directamente a la pregunta de Bleier, pero su mirada, más lánguida de lo habitual, y su caminar pausado al acercarse sirvieron como respuesta.
Bleier se acercó para sostenerlo y replicó.
—No es un sermón, estoy preocupada.
Herdin observó fijamente a Bleier mientras ella se aproximaba con pasos cortos. Le resultaba casi irónico verla intentar apoyar a un hombre que era una cabeza más alto que ella.
Su esposa, que se acercó sin miedo y sin saber nada, envolvió sus delgados brazos alrededor de su cintura. En ese instante, una dulce fragancia corporal lo envolvió.
En ese momento, el hilo de la razón que había mantenido laxo se tensó y, finalmente, se rompió.
Herdin empujó contra la pared a la mujer que había caído en sus brazos y unió sus labios a los de ella de inmediato.
Sintió que Bleier se estremecía por la sorpresa, pero él sostuvo sus mejillas para que no pudiera escapar.
Tras quedar congelada por un momento, Bleier cerró los ojos y lo aceptó. A través del aliento caliente de él, percibió el sabor amargo del whisky.
Él era quien había bebido, pero sentía que era ella quien se estaba embriagando. Ante esto, Bleier se aferró a sus firmes brazos como si se colgara de ellos.
Ambos se anhelaron mutuamente, entrelazando sus respiraciones calientes, como si hubieran olvidado por completo que se encontraban en un pasillo.
Bleier fue la primera en recuperar la compostura.
—Herdin, a la habitación… vayamos a la habitación.
Cuando Bleier logró apartarlo y separar sus labios para hablar, Herdin volvió a besarla mientras la levantaba en sus brazos.
A pesar de su preocupación por dejarse cargar así por alguien ebrio, cuando volvió en sí, ya se encontraba recostada sobre la cama.
Herdin rasgó el pijama de Bleier que resultaba estorboso y continuó con besos voraces. Bleier se estremeció sorprendida, pero él, sin darle importancia, comenzó a tocar su cuerpo.
Aquel beso, aquel tacto, eran urgentes, como los de alguien que hubiera sufrido una sed prolongada.
Bleier se dio cuenta de que su actitud era sutilmente diferente a la habitual en el momento en que, sintiéndose asfixiada, separó los labios y abrió los ojos.
Sus miradas se cruzaron mientras él la observaba con los ojos ligeramente entornados.
Aquellos ojos azules que la miraban se veían, por alguna razón… angustiados, como los de alguien a quien estuvieran estrangulando.
En su vida pasada, absorta en sus propias emociones, pensó que el hecho de que él estuviera diferente era simplemente por el alcohol.
Creyendo que él, quien repentinamente había empezado a distanciarse de ella hace tiempo, había vuelto a amarla, se sintió feliz en aquel momento, ansiosa por cualquier fragmento de sus sentimientos.
No tuvo la oportunidad de analizar las emociones de él.
Tenía miedo de que, al despertar mañana y recuperar la sobriedad, él la rechazara de nuevo, o de que todo terminara como un sueño de una sola noche.
Sin embargo, paradójicamente, en esta vida, en la que ya no anhelaba su amor, pudo ver los sentimientos de él primero.
Bleier llamó al hombre que intentaba unir sus labios nuevamente.
—¿Pasó algo?
Ante aquello, los labios de él se detuvieron. No obstante, la respuesta que siguió fue habitual.
Herdin entrelazó sus dedos con los de Bleier y añadió en voz baja.
—Nada.
Con esa respuesta, la conversación entre ambos terminó.
Él atrajo hacia sí el cuerpo de Bleier, que aún no se había relajado por completo, y unió sus cuerpos.
Aunque el cuerpo de ella ya estaba caliente debido a los intensos besos, Herdin seguía siendo abrumador para Bleier.
Él siempre había sido abrumador, pero hoy lo era aún más.
Herdin la estrechó contra sí con fuerza hasta el final. Sin embargo, incluso estando pegados sin dejar un solo espacio, el sentimiento de vacío creado por una emoción que repentinamente comprendió no se llenaba en absoluto.
Como si necesitara algo que llenara ese vacío, él se adentró en ella.
Pero cuanto más lo hacía, más vacío se sentía, por lo que abrazó con fuerza a la mujer que lo miraba con ojos febriles.
A pesar de sentirse abrumada, la mujer que lo acogía plenamente seguía siendo hermosa incluso en esa situación. Malditamente hermosa.
«¿Por qué tenías que ser la hija de esa mujer? ¿Por qué tenías que ser la hermana del Emperador?»
«¿Por qué, precisamente yo, terminé amándote?»
Había innumerables razones para dejarte ir, pero el hecho de que solo hubiera una razón para no hacerlo lo estaba volviendo loco.
Sentía como si el suelo bajo sus pies cayera hacia una superficie acuática infinita.
Su visión se nubló ante la emoción que lo consumía por completo, pero Herdin ignoró aquello y se concentró en el deseo frente a él.
«Porque ahora, pase lo que pase, no podré dejarte ir».
Bleier, que se mecía frenéticamente entregada a él, abrió los ojos al escuchar su voz ronca susurrando en su oído.
En el instante en que se encontró con esos ojos azules donde ondeaba el deseo.
De repente, recordó un hecho que había olvidado: que hoy era la última noche que pasaría con este hombre.
Al mismo tiempo, el frío que sentía al contacto con él la entristeció un poco.
Él todavía llevaba puesta su ropa de salir, mientras que solo ella estaba completamente desnuda.
En su vida pasada, aquello también la había entristecido.
Esa distancia de una sola capa de ropa que no se podía cerrar, a pesar de estar tan pegados que era imposible estar más cerca; ese calor que jamás llegaba a sentir.
El recuerdo de aquella noche en la que tragó su tristeza por miedo a que él se alejara permanecía aún nítido.
Pero hoy, ¿no estaría bien ser un poco más ambiciosa?
Solo por hoy, por última vez.
Bleier sujetó cuidadosamente la solapa de su ropa y dijo.
—¿Podrías… abrazarme con un poco más de calor?
Herdin, pareciendo comprender el significado, comenzó a quitarse la ropa exterior. Una a una, las prendas cayeron y su cuerpo perfecto quedó al descubierto.
Acto seguido, él se inclinó y unió sus labios. Al mismo tiempo, un cuerpo ardiente abrazó firmemente a Bleier. Ante el calor de él tocando su piel, sintió que, por alguna razón, estaba a punto de llorar.
Pronto, su visión comenzó a tambalearse de nuevo.
Bleier correspondió aquel abrazo desesperadamente.
Durante toda la noche, para no dejarlo escapar.
Toda la capital estaba alborotada día tras día con rumores sobre Bleier.
Las tabernas de los callejones no eran la excepción. No, al contrario, al ser lugares donde se reunían personas que habían llevado vidas rudas, los rumores se volvían aún más sórdidos.
Especialmente cuando la protagonista de los rumores era una mujer.
—¿Oíste el rumor? ¿Que la duquesa quiere morder el cuello de la Emperatriz Viuda?
—Tanto aire de dignidad y resulta que la familia imperial no es diferente a cualquier otra casa. Que la hija traicione a la madre por estar hechizada por un hombre; es una familia totalmente desastrosa.
—Bueno, tal madre, tal hija. ¿A dónde creen que iría la naturaleza inculta de una sangre despreciable? Debe haberse enamorado perdidamente al acostarse con el duque y terminó vendiendo a su madre.
—En fin, las mujeres son así, en cuanto las tratas un poco bien—
Fue entonces cuando los hombres sentados en la barra se reían mientras exageraban los sucios rumores sobre Bleier.
¡Crac!
El vaso en la mano de Mikhail, que llevaba cócteles hacia ellos, se rompió.
Ante el estrépito, tanto los subordinados a su lado como los hombres frente a él se sobresaltaron y miraron a Mikhail.
Junto con los fragmentos del vaso destrozado en su mano, el alcohol y la sangre roja goteaban.
Mikhail, al cruzar la mirada con los clientes asustados, puso una expresión como si acabara de darse cuenta de que el vaso se había roto.
—Lo siento. El vaso se rompió.
Sin embargo, en su gélida expresión no se podía leer ningún sentimiento de arrepentimiento.
Uno de los hombres se estremeció inconscientemente ante el aura de Mikhail, pero para ocultar esa emoción, gritó con fuerza.
—Tú, parece que rompiste el vaso a propósito. ¿Qué clase de atención al cliente tienen aquí?
Uno de los subordinados de Mikhail, que notó la atmósfera inquietante, intervino rápidamente para mediar.
—Lo sentimos, cliente. Parece que nuestro empleado cometió un error por estar cansado. Se lo prepararemos uno nuevo enseguida.
Tras ver la señal del subordinado, Mikhail salió de la barra y subió al segundo piso. Entonces, utilizó su poder sagrado para curar primero la herida donde se habían clavado los fragmentos de vidrio.
Justo cuando terminaba la curación, escuchó pasos acercándose por detrás.
Cuando Mikhail se giró, vio al subordinado acercándose. Este se detuvo al ver la palma de la mano de Mikhail llena de sangre.
—…¿Pasó algo abajo?
—No, solo me lastimé un poco. ¿Qué ocurre?
—Sigo investigando sobre el libro de magia negra que ordenó en aquel entonces, pero como se trata de magia prohibida, resulta difícil conseguir material.
Mikhail frunció el ceño.
Estaba investigando el círculo de magia negra que había visto en Bleier aquel día que fueron a la villa en el bosque.
Si incluso ella desconocía su existencia, era muy probable que se tratara de una magia implantada con intenciones peligrosas.
Quería eliminar aquel inquietante círculo mágico de ella lo más rápido posible, pero como esperaba, reunir información no era fácil.
—No importa que sea algo insignificante, tráelo en cuanto lo consigas.
Mikhail miró con extrañeza al subordinado que no se retiraba de inmediato, y este sacó algo arrugado del bolsillo interior de su chaqueta.
—No es un libro de magia negra, pero es un documento relacionado con ella, así que lo traje por si acaso.
En la primera página del documento que le extendió había un círculo de magia negra dibujado, y debajo—
«Se dice que existe una magia negra que conecta la segunda condición del contrato con la bestia sagrada, el cual se rompió hace mucho tiempo».
…estaba escrita esa frase con una caligrafía pulcra. Probablemente había sido escrita por el propio dueño del documento.
—Este documento, ¿de dónde salió?
—Ayer un tipo lo dejó como pago por sus tragos. Parecía ser un jugador, y dijo que lo encontró en la calle mientras regresaba a casa temprano por la mañana hace unos días.
—¿Que lo encontró en la calle?
—Sí. Al principio no sabía qué era y pensó que sería un documento importante para venderlo caro, pero una vez que supo que era un círculo de magia negra, se asustó y simplemente lo entregó para pagar la cuenta.
Mientras escuchaba la historia del subordinado y revisaba el documento nuevamente, Mikhail se detuvo al observar detenidamente el círculo de magia negra dibujado en la primera página.
Era un círculo mágico con el mismo patrón que el grabado en la clavícula de Bleier.