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Cap.169
Cap.171

Capitulo 170: Capitulo_170_ES_FINAL
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Capítulo 170

56. El escultor del caos (5)

La mano de Bischel, que apartaba la bolsa de croquetas de boniato a un lado, temblaba visiblemente.

—¡Ah! Quiero matarlo.

—De verdad, ¡hasta el punto de volverme loco, quiero matar a este asqueroso!

Bischel sentía que si no gritaba aquello en ese mismo instante, su cabeza explotaría.

—Bubarr.

—¿Sí?

—Sal un momento y vuelve en diez minutos.

—¿Por qué?

—Solo... hazme ese... favor.

—Bueno... está bien. Ah, ¿es que no hay leche?

—¡¡¡AAAARGH!!!

¡Crac!

Cuando Bischel destrozó la mesa con un alarido, Bubarr salió disparado del taller. Aun así, se las ingenió para recoger la croqueta de boniato que había caído al suelo.

«Vaya, Bubarr Gaston. Considerando que es un humano imbuido del caos como yo, es un pedazo de carne impresionante en muchos sentidos... ji ji».

Incluso Yona, que había estado observándolo todo desde la ventana, no pudo evitar soltar un suspiro de asombro.

Bischel bajó corriendo al sótano y gritó como un loco durante un buen rato. —¡Agh, agh, agh! ¡Por favor! ¡Muere! Mientras su voz, mezcla de furia y alaridos, resonaba en el sótano, Yona sonreía de oreja a oreja.

—Uf...

Cuando Bischel, tras gritar hasta quedarse ronco, subió a la planta baja y se arregló el cabello despeinado, Bubarr volvió a entrar sigilosamente al taller. Solo quedaba una de las croquetas de boniato que se había llevado.

Mirando de reojo con cautela, Bubarr se metió la croqueta restante en la boca. Masticando. A pesar de ver aquella escena, Bischel ya no se alteraba.

—¿Se siente mejor?

—...Mejor retomemos lo que estábamos hablando antes, Bubarr.

Lo que estaban hablando antes se refería a una conversación de trabajo que ambos deberían haber terminado hacía rato si Jin no hubiera aparecido.

—Ah, sí.

—El capitán ha declarado formalmente la disolución de la alianza con Jiphl.

Con esas primeras palabras de gran importancia, Yona acercó aún más la oreja a la ventana.

En circunstancias normales, habría mantenido la distancia. Acercarse un palmo más a un caballero de 8 estrellas no era fácil ni siquiera para Yona.

Pero Bischel, con su paciencia sobrehumana, estaba mucho más embotado de lo habitual.

—¡Cough, dígale que hizo bien! ¡Jiphl, son tipos más malvados y perversos que Jin Runkandel! ¡Ya deberían haber acabado con ellos cuando usaron y arruinaron las piedras de la marisma a nuestras espaldas!

—...La situación no es del todo buena. Para que nuestra gran obra se llevara a cabo sin problemas, también necesitábamos la fuerza de esos tipos. A partir de ahora, cuando fabriques los artefactos, la obtención de materiales no será tan fluida como antes.

—¡Kieek! ¡Así que ese era el problema! Pero, señor Bischel, no es fabricar, es esculpir. Esculpir y fabricar son cosas completamente distintas. Y tampoco son artefactos, son obras de arte. ¿Cuántas veces tengo que explicárselo?

—Sí, esculpir... obras de arte...

Bischel corrigió sus palabras conteniendo a duras penas el asco.

—¿Cuántos problemas habrá aproximadamente con la obtención de materiales?

—Casi no podremos conseguir restos de dioses muertos. De las reliquias de las civilizaciones antiguas, solo podremos obtener alrededor de la mitad de lo que conseguíamos antes de que se rompiera la alianza.

—¡Kyah!

—En cambio, según la cláusula de rescisión, hemos acordado recuperar algunas de las obras que le hemos entregado a Jiphl hasta ahora.

—¡¡El compás!!

Bubarr gritó con los ojos brillantes.

—¡Tenemos que recuperar el compás sí o sí! ¡Con eso podemos encontrar a los dioses vivos fácilmente y usarlos como material!

—El compás es, por supuesto, uno de los objetos a recuperar.

—En realidad, con tal de recuperar eso, me da igual lo demás. ¡Es mi obra maestra, la segunda después del Marghashin! ¡Mi creación! ¡Finalmente volverá a mis brazos!

—Bubarr, no es para que te pongas tan contento.

—¿Y eso por qué?

—Cuando Jiphl recibió por primera vez el Marghashin, el compás y las demás obras nuestras, ¿qué actitud mostraron?

—Eran extremadamente serviles. Como si estuvieran dispuestos a lamerle los dedos de los pies al capitán.

—Y ahora, en cuanto se menciona la cláusula de rescisión, están dispuestos a devolverlos sin rechistar. ¿De verdad no entiendes lo que eso significa?

—¿Que... ya le sacaron todo el jugo?

—No. Significa que quizás ya han terminado los preparativos para crear su propio compás, o algo similar.

—Bah, no puede ser. Sin mi poder, sería imposible.

—La magia de esos tipos va más allá de lo que puedas imaginar. Jiphl es una familia de la que no me sorprendería que pudieran restaurar una piedra divina rota, y no solo un compás. Además, se acordó que la recolección de las obras sería el primer día del sexto mes del año que viene. Así que les queda tiempo de sobra para investigar.

—¿Eh? ¿Por qué tan tarde? ¿El capitán les dio todo ese tiempo?

—Fui yo quien mencionó primero la cláusula de rescisión. No tenía motivos para rechazarla.

Bischel, como si estuviera exasperado, se llevó un cigarrillo a la boca mientras Bubarr asentía.

—El primer día del sexto mes del año que viene... Uf, ¿no hay posibilidad de que se retrase más la fecha?

—El capitán ha amenazado personalmente con declarar una guerra total si vuelven a incumplir el acuerdo. Así que no creo que pase. Mientras Runkandel siga en pie, ellos tampoco podrán permitirse una guerra total contra nosotros.

—Entonces menos mal. El primer día del sexto mes del año que viene... ¿dónde se hará el intercambio?

—En una isla al sur del Ducado de Belado. La tierra de los piratas.

—Menos mal que no es un lugar lleno de monstruos repugnantes. Lléveme con usted.

—¿Para qué?

—Para poder comprobar de inmediato que las obras no tengan ningún problema, ¿no? Así no habrá quejas después.

Los ojos de Bischel se abrieron de par en par. No podía creer que Bubarr estuviera diciendo algo tan sensato.

—Bueno... eso es... Se lo comunicaré al capitán.

—Ah, y una cosa más, señor Bischel. ¿Aún no han encontrado a ese tipo? Al que esculpí para que fuera un mago de Jiphl.

—Matto Baker.

—Ah, sí, ese era su nombre.

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—De hecho, por lo que pasó allí, el cuartel general sigue hecho un desastre...

De repente, Bischel se detuvo en seco.

Luego miró lentamente a su alrededor y se levantó para revisar las ventanas.

«Vaya, como pensaba. He estado demasiado cerca».

Con un movimiento rápido, Yona se apartó de la ventana y se escondió. Corrió pisando la hierba, pero ni una sola brizna se dobló ni se doblegó a su paso.

«Me ha parecido sentir una ligera presencia... ¿será mi imaginación?».

Tras salir, Bischel examinó minuciosamente el suelo cerca del taller.

Lo único que vio fueron las huellas que Jin había dejado al pisar la hierba antes.

—¿Qué ocurre, señor? ¿Por qué ha salido de repente?

Bubarr salió contoneándose y se encogió de hombros.

—No es nada.

—Señor Bischel, a veces parece usted un paranoico. En cambio, la señorita Marzella es tan optimista que da gusto verla. Es curioso lo diferentes que son los hermanos. Uhuhu.

—...A partir de mañana, te trasladarán. A un lugar que no esté expuesto a Jiphl.

—¡Ayyy, qué fastidio!

Bischel se quedó un buen rato mirando fijamente al vacío donde había estado Yona. Aunque no era que se hubiera dado cuenta de que ella había estado allí.

Mientras tanto, Yona corría por el sendero del bosque riéndose por lo bajini.

«No sé qué conversación habrán tenido ese pedazo de caos y ese pobre paranoico, pero, de algún modo, ¡creo que al pequeño le va a encantar!».

* * *

—Oh... Dios mío.

Jin no pudo evitar quedarse boquiabierto mientras escuchaba la historia de Yona. A ella le hacía tanta gracia verlo que se agarró el estómago más de una vez.

—¿Tan increíbles son esas historias? Tu cara es un poema, pequeño. ¿Sabías que puedes llegar a parecer tan tonto?

—Hasta el más mínimo detalle de la información es de primera. En un solo día, no, en apenas unas horas, me he enterado de todo esto. Ni siquiera rebuscando entre los documentos secretos clasificados de Runkandel habría encontrado algo tan sorprendente.

—¿Tanto? Cuéntamelo bien.

—Bueno, verás, la información que me has traído, hermana... Ah, pero antes, una promesa. El señor Ouall no puede enterarse de esto.

—¡Prometido!

Aunque Jin estuvo un buen rato explicándole a Kikantel lo que había averiguado, Yona seguía ladeando la cabeza con cara de no entender nada.

En realidad, pensar que el pequeño no hacía más que balbucear algo con tanto empeño le parecía tan tierno que no había escuchado ni una sola palabra.

—...¿Ahora entiendes por qué me quedé tan impactado?

—Sí, súper interesante.

Después de todo, no eran temas importantes para Yona. Sin embargo, ella sí era consciente de que Bubarr Gaston era un ser nacido del «caos».

—Pero, hermana, ¿qué querías decir con que tú y Bubarr Gaston son de la misma clase?

Era un tema que no dejaba de preocuparle. ¡Que él y su única hermana pequeña fueran de la misma clase que aquel desagradable gordo!

—Ah, eso... todavía no puedo decírtelo.

—¿En serio? ¿Entre nosotros?

—El pequeño también tiene sus secretos...

Fuuuu.

Jin hizo surgir su energía marcial en la palma de la mano y se la mostró a Yona.

Era su manera de decirle que él ya no tenía secretos.

¡Ajg!

Yona dio un respingo y retrocedió como si estuviera loca. Como alguien que acabara de ver algo que no debería haber visto.

—¿Eh?

[¡Mátalo!]

Al enfrentarse directamente a la energía marcial, la voz que le susurraba constantemente desde dentro a Yona se hizo mucho más fuerte.

Tanto que a punto estuvo de clavarle la daga a Jin en la garganta por reflejo.

Ella había nacido envuelta en un caos mucho más espeso que el que podría compararse con el de un mero Bubarr. Un caos como el de Bubarr no reaccionaría así ni siquiera al enfrentarse a la energía marcial.

—¡Kieuk!

Jin apagó apresuradamente su energía marcial. Al mismo tiempo, la voz que se extendía por el interior de Yona se fue apagando, y ella pudo salir del impulso. El impulso de matar a Jin.

Aunque la energía marcial de Jin solo se había formado en su palma durante apenas dos o tres segundos, Yona jadeaba empapada en sudor por todo el cuerpo.

Si no fuera porque realmente apreciaba a Jin, seguramente no habría podido resistirse a la voluntad de aquella voz.

—¡Hermana!

—A partir de ahora, nunca uses ese poder delante de mí. Y no me preguntes nada más al respecto.

—Pero...

Jin no pudo evitar darse cuenta por intuición.

«Seguro que se apartó para no atacarme. Mi energía marcial la excitó».

Unos segundos antes, los ojos de Yona, que se habían abierto tanto que parecían a punto de salirse de sus órbitas, estaban teñidos de puro miedo. El miedo a que pudiera terminar matando a su propio hermano.

Jin negó con la cabeza, reprimiendo su desconcierto.

—No sé qué es, pero lo siento. No sabía que pasaría esto.

—Solo ver tu energía marcial me hace perder el control. No te disculpes, fue culpa mía por no habértelo explicado antes. Jee, es que pensaba que el pequeño, bueno, que me ocultaría ese poder hasta que por lo menos se convirtiera en un caballero de alto rango...

—¿Y por qué iba a hacer eso?

—Porque pensaba que no te parecía una hermana tan digna de confianza... ¿O no? ¿O quizás temías que llegara a odiarte?

—Con lo primero, te equivocas por completo. Y con lo segundo, me alegro de que seas tan honesta. Tienes razón, pensaba ocultártelo hasta ese punto. Justo hasta antes de jugar contigo en el jardín de flores.

Aunque respondió con indiferencia, sería mentira decir que no estaba perturbado. Si hubiera extendido un poco más su energía marcial, quizás Yona lo habría matado.

Pero Jin no quería entristecer a Yona.

—Supongo que tendré que tener cuidado por un tiempo. No te preocupes demasiado, hermana. Es solo cuestión de que me vuelva lo bastante fuerte como para que ni siquiera tú puedas matarme, hagas lo que hagas.

—Ji, ni sueñes con eso. Ahora ven a jugar conmigo. Dijiste que lo harías.

Después de eso, Jin pasó dos días enteros con Yona recorriendo todo el Ducado de Kon, divirtiéndose de lo lindo.

Y no solo había caballeros de Joshua, que habían muerto en el pasado por espiar a Jin, apostados en el Ducado de Kon. Los caballeros de Sirón también estaban siempre presentes.

Naturalmente, la noticia de que los dos estaban «jugando juntos» no pudo evitar llegar a oídos de Sirón.