Capitulo 319: Capitulo_319_ES_FINAL
==================================================
Capítulo 319
Capítulo 97: El contraataque de Joshua (3)
—¿La villa de Joshua...? ¿Se refiere a esa villa secreta que me mencionó la señora Luna?
—Así es, señor Casimiro. Es un lugar que, de todos modos, planeaba atacar en algún momento.
Joshua poseía decenas de villas personales.
Entre ellas, las clasificadas como villas secretas o casas seguras ascendían a cinco en total.
—El hecho de que la señora haya partido al Mar Negro también me beneficia, después de todo. Averigüe qué clase de misión estaban llevando a cabo mi padre y los Caballeros Negros de la generación anterior en ese lugar, y por qué razón el Runkandel de mi padre está tan obsesionado con el Mar Negro. Aproveche esta oportunidad para traerme información certera.
—Entendido. Es la primera vez que mi padre lleva a alguien que no sea un compañero de armas al Mar Negro, así que le traeré noticias que lo satisfagan. A cambio, tendrá que quedarse conmigo bebiendo toda la noche y contarme las historias del exterior.
Antes de partir hacia el Mar Negro, Luna le reveló a Jin dos de esas cinco villas secretas.
Era información que había conseguido desde que Jin le pidió que «investigara sobre Joshua» durante el incidente del Reino Sagrado.
—¿No me dirá que planea atacarlas ahora mismo?
—Si por mí fuera, lo haría ya mismo. Pero Kooza y Yulian aún no han regresado del sureste de Mitel.
Los dragones no pudieron participar en el ataque a las villas secretas de Joshua. Porque, en el momento en que un dragón se entrometiera, si alguno de los enemigos llegara a sobrevivir, habría problemas.
Después de todo, sería como si el Dragón Negro —el guardián de la familia— y el Dragón Plateado, que está en la lista de buscados no oficial de Viemont, hubieran atacado a los Runkandel.
—Además, necesitamos confundirlo. Hagamos que parezca que estamos desesperados por conseguir dinero. Mientras él se regocija con esa idea, me pregunto qué cara pondrá cuando descubra que sus villas secretas han sido saqueadas.
—Pero, señor, la verdad es que es muy probable que terminemos desesperados de verdad. Los líderes de los Siete Colores se están reuniendo con los contactos de Viemont... La verdad, no quisiera tener que recurrir al dinero de la familia imperial.
—Lo entiendo, señor Casimiro.
—Claro que, si la situación no mejora, tengo la intención de inclinar la cabeza ante la familia imperial. Porque el Emperador... si se lo pido, no tendrá más remedio que soltar una cantidad de dinero descomunal.
No había nada más humillante que tener que inclinar la cabeza ante la familia imperial que lo había exiliado.
Casimiro, que poseía muchas de las cualidades de un buen líder, también estaba dispuesto a tragarse su orgullo. Pero preferiría evitar usar ese último recurso a menos que fuera necesario.
Jin tampoco deseaba que Casimiro sufriera semejante humillación por su culpa.
—Déjeme a mí conseguir el dinero, no se preocupe. Tal como dijo Talgi Pai, no, Killian, no podremos vencer a Joshua en cuanto a capitales, pero al menos evitaré que la ciudad caiga en la bancarrota.
Casimiro puso una mano en el hombro de Jin y esbozó una sonrisa conmovida y, a la vez, apenada.
—Me da vergüenza, joven maestro. Parece que siempre termino cargándolo a usted con demasiado peso.
—Qué dice, señor Casimiro. Después de todo, este problema surgió por mi culpa. No piense de esa manera. En todo caso, el que debe disculparse soy yo.
—No, joven maestro Jin, usted no tiene culpa alguna...
—Pero qué relajados están ustedes dos. Denso y mequetrefe. Los dos son igual de culpables. Ahora, ¿cómo piensan conseguir el dinero?
—Tú eres un dragón, ¿no? ¿No tendrás alguna fortuna escondida por ahí?
—No tengo. En primer lugar, la Fortaleza de la Tormenta, que solía ser mi guarida, ahora está en manos de los Runkandel. ¿Cómo crees que me sobraría algo?
—Entonces tendremos que vender tu vómito y tus escamas. Podríamos venderlos como pan caliente usándolos para perfume y materiales de armadura.
—¡¿Qué?!
Ante eso, Gili soltó una risa ahogada.
—Es broma. Mira cómo te alteras. Primero, tendremos que pedir prestado el dinero que necesitamos de inmediato. Y también poner en marcha el negocio que dejamos pendiente.
—¿Qué negocio?
—El que los amigos de la tribu Geumseol tenían planeado. Tenemos que movernos rápido. No ha pasado tanto tiempo desde que volvimos de vacaciones, así que no podemos dejar el Jardín de la Espada descuidado por mucho tiempo.
* * *
Al día siguiente, el lugar al que Jin acudió fue Viemont.
Una vez más se disfrazó y entró con una identidad falsa. Se tiñó el cabello de blanco y, usando cosméticos de la tribu Geumseol, se arregló para parecer un artista de alguna familia noble adinerada.
«Parece que, incluso después de convertirme en jinete, sigo teniendo que ocultar mi identidad muy a menudo».
En sus brazos llevaba un jarrón de porcelana envuelto en seda de la más alta calidad.
—¿De verdad tienes que llevarte eso? Es una de tus pertenencias más preciadas.
—Es que necesito usarlo para algo.
—¿Y no puede ser otra cosa? Esa pieza tiene más de mil quinientos años, es una obra de arte cuyo valor es inconmensurable...
—¡Oye! Tú también eres un Dragón Guardián, ¿no? ¿Cuál es el papel de un Dragón Guardián? Si te digo que necesito a mi contratista del milenio para esto, deberías dármelo sin quejarte. Vamos, ¡kukuku! Oye, chico, ¿para qué quieres esto? ¿Qué tal si lo rompo delante de ti?
—Ya basta. Dame un momento, hermano mayor.
* * *
Fue hace poco, cuando visitó la taberna «Jangmak» regentada por Misha.
Jin reconoció de inmediato, a simple vista, que la decoración de aquel lujoso establecimiento no era para nada común.
Era una taberna de lujo que operaba estrictamente por membresía, y su dueña era una dragona de exquisito gusto estético que había vivido más de tres mil años.
Entre los objetos que la decoraban, había incluso reliquias antiguas que muy pocos arqueólogos habían visto jamás.
Jin le pidió que le entregara un jarrón de porcelana que, a simple vista, estaba colocado en el lugar más preciado por Misha: su dormitorio.
«Preferiría usarlo en un mejor momento, pero no hay más remedio. No está mal esto. Gracias, señora Misha».
Como para asegurarse de que estaría allí cuando lo necesitara.
—Ya hemos llegado, señor.
—Quédese con el cambio.
Después de pagar el viaje y bajarse del carruaje, una fortaleza imponente como una montaña se alzó ante sus ojos.
En la entrada, custodiando los cuatro puntos cardinales, había docenas de guardias con armaduras relucientes. Era la mansión principal de Hiran.
La Ciudad del Emperador de la Espada.
Un nombre soberbio, pero comprensible, como correspondía a la familia número uno en arte de la espada de Viemont.
Jin alzó la vista hacia la Ciudad del Emperador de la Espada durante un momento antes de acercarse a la puerta.
A diferencia de la fortaleza imponente, los guardias lo recibieron con una amabilidad inesperada.
Y es que Hiran, como podía verse en la personalidad de Dante, tenía una imagen pública igual de buena que la de Jipel.
========
Si disfrutas de la traducción, considera apoyar al scan Riomy. ¡Muchas gracias!
========
—¿En qué podemos ayudarle?
—Ah, soy un artesano llamado Paul Grey Mix. Hace unos días el señor Dante me hizo un encargo y he venido a entregarle la cerámica terminada personalmente.
Los guardias le echaron un vistazo a la cerámica que Jin llevaba en brazos. Luego asintieron con expresión de entendimiento, pues no era raro que Dante encargara cerámicas.
—Le pediré a este joven que lo acompañe. Entre a la sala de espera y espere allí.
—Pero necesito entregárselo personalmente al señor Dante.
—No puedo prometerle que el joven maestro salga a verlo personalmente. Pero no lo tome a mal. Es que el joven maestro está muy ocupado en estos asuntos.
Cuando el guardia se refirió a Dante como «joven maestro», Jin por poco deja escapar una sonrisa.
Sabía que Dante había recorrido un camino de rosas en su vida anterior, pero vivirlo en persona era una sensación completamente distinta.
—Jamás me atrevería a pensar algo así. Es solo que el encargo se adelantó a lo previsto y no pude avisar antes de venir. Ya con que me reciban así de bien, me doy por satisfecho.
—De los artistas que he visto hasta ahora, usted es el que habla con más sensatez.
Jin siguió al guardia hasta la sala de recepción del castillo.
Puesto que Jin era el único visitante que había venido a ver a Hiran ese día, una brisa vacía soplaba a través del amplio salón.
Había logrado entrar.
Pero la duda era si Dante podría adivinar quién era con el nombre de «Paul Grey Mix». Y si no lo reconocía, tendría que buscar otra manera, lo cual sería un problema.
Permaneció de pie, charlando con el guardia mientras esperaba un buen rato.
¿Habría pasado media hora?
¡Tududududu!
Se oyeron pasos de alguien corriendo por el pasillo que llevaba al salón de recepciones.
—¿El señ... no, el señor Paul Grey Mix, ¿dónde está?
Dante, que por reflejo estaba a punto de llamarlo «Jin», corrigió el nombre a toda prisa. En cuanto apareció, el guardia le hizo un saludo militar impecable y Jin inclinó la cabeza como quien ve a su señor.
—Ah, ejem. ¡Ejem! Vaya, vaya. Parece que he hecho un mal papel por la emoción de esperar este encargo tanto tiempo. Usted ya puede retirarse.
—¡A sus órdenes, joven maestro!
En cuanto el guardia desapareció, Dante abrazó a Jin con fuerza.
—¡Jin! ¡¿Cómo se te ocurre venir hasta aquí sin avisar?! Pero, bueno, ¡cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo has estado? ¡Has mejorado mucho desde la última vez!
Era esa voz ronca y característica que hacía tiempo que no escuchaba.
—Habla más despacio, Dante. Y parece que has crecido bastante.
—Sí, como un dedo más. Veo que te has dado cuenta.
Aunque había crecido, Dante seguía siendo mucho más bajo que Jin. No había nada que hacerle, era su complexión natural.
Pero Jin pudo darse cuenta al instante de la gran hazaña que lograría Dante en el tiempo que no se habían visto.
«Se convirtió en cabeza menor de familia a los diecinueve, y en cuanto a la espada, su destreza ya está a un nivel en el que la palabra "genio" se queda corta. Y aun así, parece que sigue esforzándose diez veces más que los demás».
Se sentía orgulloso de él.
Habría querido sacar una mesa con algo de comer y beber para ponerse al día, pero no había ido por eso ese día.
—Dante, tengo que pedirte un favor.
—Oh, dime lo que sea.
—¿Me prestas algo de dinero?
Su amigo, que no veía en más de un año y varios meses y a quien lo primero que se le ocurre pedirle es dinero prestado, era sin duda un mal amigo.
Pero Dante pensó que, tratándose de Jin, estaba bien. Aunque le hubiera pedido algo mucho más increíble que dinero, se lo habría dado.
—¿Cuánto necesitas? Ah, ya que estamos, mejor de una vez te pago la deuda que tengo contigo desde que escapamos del Reino Sagrado. Y te juro que te pagaré unos intereses exorbitantes.
—Unos trescientos millones de monedas de oro.
—Está bien, trescientos mi... Espera. ¿Puedes repetir eso una vez más?
—Necesito trescientos millones.
Por primera vez en mucho tiempo, Dante sintió un sudor frío correr por su espalda. Incluso para el cabeza menor de familia de Hiran, trescientos millones de monedas de oro era una cantidad de dinero desorbitada.
—¿Acaso Runkandel te pidió que consiguieras los trescientos millones de la recompensa en lugar de nombrarte jinete?
—No, no es eso. ¿Puedes conseguírmelos?
—Una cantidad así de dinero, incluso yo necesito pedirle permiso a mi abuelo para poder usarla. Pero no tengo una buena excusa para pedírsela.
Jin retiró la seda que envolvía el jarrón de porcelana.
—¿Qué tal si le dices que es para hacerse con esta porcelana?
Dante no tenía mucho conocimiento de arte, pero pudo reconocer que el jarrón de Jin no era un objeto para nada ordinario.
Eso era gracias a los años pasando todos los días entre las obras de arte y los objetos del estudio-taller de su abuelo, Ron Hiran, un loco por la cerámica.
Pero, por muy buena que fuera la porcelana, ¿valía la pena trescientos millones de monedas de oro? Justo cuando comenzaba a preguntárselo...
—Por cierto, llevo tiempo queriendo saber quién era el tipo que había logrado revolucionar el corazón de mi nieto.
Una nueva voz resonó desde el otro extremo del salón de recepciones.
Ron Hiran.
El caballero de la determinación más tenaz que jamás había rivalizado con Shiron Runkandel, el caballero de la creación, y cabeza de la familia Hiran. Esa voz le pertenecía.
—Pero jamás imaginé que sería semejante estafador. ¿Trescientos millones de monedas de oro? ¿Y tú estuviste escuchando semejantes tonterías sin chistar? Me decepcionas, Dante.
—A-a, abuelo. Él no es un estafador, yo puedo explicár...
¡Srrr!
Ron desenfundó la espada de su cintura.
En cuanto el aura de la espada salió de la vaina, un leve temblor recorrió el salón y el aire comenzó a distorsionarse.
—Y por si fuera poco... ese tipo apesta a la peste asquerosa y característica de los Runkandel.
—¡Abuelo!
—No lo mataré. Pero te arrancaré un brazo como escarmiento. Y no vuelvas a aparecerte jamás delante de Dante.