Capítulo 28: Humillando al Doctor Qin
Después de que el caso se resolviera, descansé durante dos días. Entonces, Dalí irrumpió en mi habitación con un periódico en la mano.
—¡Song, Song! —gritó—. ¡Estamos en el periódico!
—¿Qué? ¡Déjame ver!
Leí el artículo, que supuestamente trataba sobre el caso, y no sabía si reír o llorar. Todo el caso se reducía a un asesinato entre estudiantes por venganza personal tras perder una beca. Ni una sola mención al piano maldito, seguramente porque la policía pensó que era demasiado extraño para hacerlo público.
Huang Xiaotao aparecía mencionada por su nombre, pero yo era simplemente «un estudiante universitario entusiasta de apellido Song» que ayudó a la policía. El resto del artículo estaba lleno de tonterías sobre cómo los estudiantes no están preparados psicológicamente para manejar el estrés, y lo trágico que era para las familias perder a sus hijos.
—Qué artículo más ridículo —dije.
—Sí —respondió Dalí—. ¡Hasta yo lo podría haber escrito mejor! ¡Y ni siquiera me mencionan! Por cierto, ya debes tener más de diez mil seguidores en Weibo, ¿no?
—Nah —dije—. Cerré mi cuenta. ¿Quién tiene tiempo para responder todas esas preguntas tontas?
—¡Song! ¿Cómo no aprovechaste esta oportunidad de oro para volverte famoso? Si te hubieras hecho viral, tal vez yo también me conseguía un poco de fama…
No había forma de que yo me hiciera famoso, ni siquiera en Internet. ¿Cuántos miembros de la familia Song habían muerto por hacerse conocidos por su habilidad resolviendo casos? No, tenía que seguir bajo perfil, siempre.
Entonces recibí una llamada de Huang Xiaotao. Me dijo que fuera a la estación de policía.
—¿Es porque nos van a dar una recompensa? —pregunté.
—Eso será en dos días… —murmuró—. Es, um… el Doctor Qin. Está tratando de denunciarte.
—¿Qué? —casi maldije. ¿Qué tan descarado podía ser este viejo? ¡¡El que debería denunciarlo soy yo!!
No sólo no resolvió el caso, ¡Sino que encima quería perjudicarnos!
—¿Y ahora qué hice? ¿Por qué me quiere denunciar?
—Lo verás cuando llegues —dijo Huang Xiaotao—. ¡Y apúrate! Está atosigando al Capitán Lin. Si no llegás pronto, ¡Van a mandar un patrullero a buscarte a la universidad!
—¡Ya voy!
—¿Qué pasó? —preguntó Dalí.
—Voy a la estación de policía. Vuelvo enseguida.
—¿Querés que te acompañe?
—No.
Me vestí a toda prisa y tomé un taxi. Huang Xiaotao me esperaba en la entrada, con su uniforme completo. Se veía increíble con él.
—Lo siento, Song Yang —dijo—. Otra vez te metí en un lío.
—No es tu culpa —respondí—, es ese viejo descarado. Vamos a enfrentarlo.
Fuimos directo a una oficina. La voz del Dr. Qin se escuchaba a todo volumen.
—Capitán Lin, si no fuera porque Huang Xiaotao trajo a ese mocoso, ¿de verdad cree que alguien con mi experiencia no podría resolver un caso tan simple? ¡Por favor! ¡Tiene que sancionarla!
Tuve que contener la risa. ¿Para él, tener experiencia equivalía automáticamente a ser competente?
—Está bien, viejo Qin —dijo una voz, seguramente la del Capitán Lin—. No exagere. Escuchemos lo que el joven tiene para decir.
Huang Xiaotao tocó la puerta. El capitán dijo “Adelante”, y entramos.
—Capitán Lin —dijo Huang Xiaotao, haciendo un saludo—. He traído a Song Yang.
El Dr. Qin tenía un cigarrillo entre los dedos y estaba sentado con las piernas cruzadas. Al verme, resopló con fuerza.
El Capitán Lin era un hombre delgado y musculoso, de unos cuarenta años, con pinta de actor de película de acción.
—¿Tú eres Song Yang? —preguntó, escudriñándome.
—Sí, señor —dije, asintiendo.
—Pareces muy joven —dijo—. Y aun así resolviste el caso en menos de 24 horas. ¿Vienes de una familia de policías?
—No, señor —respondí—. Mi familia siempre ha sido de civiles. Solo tengo interés por el tema. He leído sobre criminología desde que era niño.
—Entonces eres un talento joven y raro. ¡Muy impresionante! —elogió el capitán.
—¡Capitán Lin! —interrumpió el Dr. Qin, arrojando la colilla al cenicero y poniéndose de pie, rojo de furia—. ¿Por qué alaba a este mocoso insolente? ¡Ha profanado cadáveres e interferido con nuestra investigación!
—Vamos, viejo Qin —dijo el capitán, riendo—. Solo examinó los cuerpos. ¡No puedes llamarle profanación por eso! Además, nos ayudó a resolver el caso, ¿no?
—¡Pero él no es policía! ¡Es un completo extraño! ¿Cómo puede ponerse de su lado?
—Solo estoy siendo razonable —respondió el capitán—. No veo necesidad de armar un escándalo. No hay motivo para denunciarlo.
—¡Todavía no he terminado! —interrumpió el Dr. Qin con mirada oscura—. ¡Ese mocoso robó una prueba crucial y la destruyó!
Me quedé helado. ¿De qué demonios estaba hablando este viejo?
Incluso el capitán cambió su expresión y comenzó a mirarme con desconfianza.
—¿Es cierto eso? —preguntó.
—¡Sí! —dijo el Dr. Qin—. Había una prueba importante entre las páginas del libro del asesino. ¡Y este mocoso la tomó sin autorización! ¡Eso desvió por completo la investigación y nos hizo perder tiempo!
—¿Qué prueba importante? —pregunté—. ¡Sea claro de una vez!
—Un folleto que estaba dentro del libro del asesino —explicó—. Según el compañero de cuarto, tú lo tomaste. ¿No es cierto?
Huang Xiaotao y yo nos miramos atónitos. ¿Eso era lo que llamaba «prueba clave»?
Después de ir a la clínica de cirugía plástica, Huang Xiaotao ni recordaba dónde había dejado ese folleto. Pero era solo eso: un folleto. La evidencia real que incriminaba a Deng Chao estaba en otra parte. El viejo exageraba.
—¿Ese folleto era tan crucial? —preguntó el capitán.
—¡Muy crucial! —insistió el Dr. Qin—. Probablemente contenía pistas claves. Si no, ¿cómo explicar que este mocoso resolviera el caso antes que todo el equipo?
Este viejo era una fuente inagotable de acusaciones. Pero era un alto cargo, así que me obligué a mantener la calma.
—Doctor Qin —dije—, el folleto no tenía nada importante. Cualquier información podía obtenerse entrevistando al compañero de cuarto. No era ni de cerca una prueba crucial.
—¿Cómo voy a saber que eso es cierto si tú destruiste la evidencia?
—¿Qué cree que había escrito en ese folleto? —reí—. ¿El diario del asesino relatando cómo mató a las víctimas?
—¡Eso podría ser cierto! Por eso resolviste el caso antes que yo. ¿Quién sabe qué más ocultaste?
—No se preocupe por eso —dije—. De hecho, descubrimos menos pistas que ustedes, no más.
—¿Y cómo puedo saber que dices la verdad?
—Doctor Qin —dije con una sonrisa—. Entonces, ¿está reconociendo que usted y su equipo encontraron menos pistas que nosotros? En ese caso, no es sorpresa que no resolvieran nada.
El rostro de Qin se puso rojo como un tomate. Se quedó mudo unos segundos.
—¡Qué… Qué tonterías dices, mocoso insolente!
Era la apertura perfecta.
—Doctor Qin, ¿acaso no va a cumplir con la apuesta que hizo?
—¿Qué apuesta? —preguntó el capitán.
Le conté sobre la apuesta que hicimos durante la investigación.
—Doctor Qin —dijo el capitán, indignado—. ¡No puedo creer que apostara con algo tan serio como una investigación!
—No, no… ¡Ese mocoso me engañó!
Maldito viejo Qin. No iba a reconocer nada, nunca. Gente así es peligrosa: tuercen los hechos a su favor y nunca admiten un error.
—Doctor Qin —dije—, lo respeto como mayor, por eso le habló con cortesía. Pero si sigue negando lo que prometió, ¿no es eso muy deshonesto?
—¡Mocoso ignorante! ¡Yo ya era forense antes de que tú nacieras! ¡¿Y te atreves a hablarme así?!
—Y evidentemente, todos esos años fueron en vano —dije, sonriendo.
—¡Tú-tú-tú…! ¡Repite eso si te atreves!
—¡Ya basta! —intervino el capitán—. He escuchado ambos lados. No creo que el folleto fuera significativo. Doctor Qin, usted es un oficial de alto rango. ¿Por qué no muestra altura y permite que lleguemos a un acuerdo?
—¡Ya veremos! —refunfuñó el Dr. Qin, dispuesto a marcharse.
Pero justo entonces sonó el teléfono. El capitán lo contestó, dijo unas palabras, me miró y dijo:
—Justo a tiempo. Está aquí. ¿Por qué no hablas con él?
Me extendió el teléfono.
—Para ti, Song Yang.
Lo tomé y una voz familiar y atronadora me golpeó el oído.
—¡Ey, chico! ¡Leí el informe! ¡Ese caso no se resolvía sin ti! ¡Bribón! ¿Por qué no me dijiste que estás trabajando con la policía? ¿Tenías miedo de que te atara y te arrastrara conmigo a trabajar?
—¡Tío Sun! —dije—. No planeaba involucrarme, todo ocurrió muy de repente.
El oficial Sun soltó una carcajada.
—¡Me suena a que ‘accidentalmente’ resolviste el caso, igual que tu abuelo hace años! ¿Cuándo vas a venir a visitarme? Hace tres años que no nos vemos. Vente y tomamos unos tragos.
Mientras hablaba, el Dr. Qin me miraba con desconfianza, así que deliberadamente dije:
—Ah, por cierto, escuché que ahora eres el director. ¡Felicitaciones!
—¿Di-Director Sun? —exclamó el Dr. Qin, con la mandíbula tan caída que casi tocó el suelo.
Traducido por: Mel
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