Capítulo 16
La pregunta resultó desconcertante, pero sencilla de responder.
—Pues la de una empleadora y su sirvienta.
A pesar de ser la respuesta correcta, el rostro de Julia no se iluminó. Opinando como si fuera una de las partes interesadas, afirmó:
—¿De verdad es solo eso? Una empleadora y una sirvienta…
Lily se permitió ser un poco más firme, pues esa era la realidad de su relación; sin embargo, Julia pensaba lo contrario.
—Lily, puedes ser honesta conmigo. No te regañaré ni te culparé. Solo deseo escuchar sobre mi nieta después de tanto tiempo.
Sinceramente, Lily no tenía la menor idea de qué hablaba su abuela.
—Abuela, se lo juro, no hay nada más que eso. ¡No hay nada que pueda confesarle!
Pero Julia insistió, convencida de conocer la respuesta y decidida a no cejar en su empeño.
—Dije que no pasa nada. No lo pienses demasiado y suéltalo. ¿Quién se declaró primero? ¿Fue el duque, entonces?
—¡¿En qué está pensando?!
Temiendo que alguien escuchara al otro lado, exclamó en un susurro ahogado.
Ignorándola, Julia tomó la mano de Lily y la obligó a sentarse.
—Muy bien, si prefieres guardar el secreto, no te sacaré la información a la fuerza.
—No es que esté ocultando nada…
Las repetidas negaciones de Lily no llegaron a los oídos de su abuela.
—Pero recuerda que no hay mayor necedad que confiar en las promesas primaverales de un noble. Es natural que surja afecto debido a su situación especial, pero cuando todo vuelva a la normalidad, perderá el interés al instante.
Julia le acarició el dorso de la mano.
—Sin importar qué promesas relucientes te haga, protege tu corazón, o terminarás miserable.
La frustración embargó a Lily; si al menos existiera un indicio, no se sentiría tan injustamente acusada.
—Entiendo su preocupación, abuela, y estoy de acuerdo, pero insisto: mi relación con Su Señoría es estrictamente profesional.
Con voz agotada, Lily rogó ser comprendida.
—No es miedo a un regaño, es que, desde el inicio, no hay nada que esconder.
—Entonces… ¿de verdad no hay nada entre ustedes? ¿Ni siquiera has recibido una declaración?
—¡No! ¡¿Por qué iba Su Señoría a declararse?! ¡Le aseguro que no hay sentimientos de esa clase!
—Pero Lily, usa el sentido común.
Julia mostró una expresión perpleja.
—¿Acaso no arrasó con todo un edificio cuando huiste?
—Fue porque estaba furioso por mi traición tras prometerle ayuda.
—¿Un simple arrebato de ira?
Lily respondió con sencillez.
—Entonces, ¿cómo explicas todo lo que presencié hace un momento?
¿De verdad habían estado en el mismo lugar?
—¡Exacto! ¡Vi cómo te juraba sinceridad, pedía tu confianza y aceptaba cada exigencia para protegerte!
Aquello, por supuesto, eran esfuerzos para retenerla, nada nuevo bajo el sol.
Pero Julia, decidida a interpretarlo todo bajo una luz romántica, también lanzó sus dardos contra ella.
—¡Y tú también te comportaste de forma inapropiada para una sirvienta! Reíste mostrando los dientes y le hiciste una promesa significativa de no dejarlo solo.
—Suena extraño cuando lo pone así; creo que sacó conclusiones precipitadas por escuchar fragmentos de la charla.
—Oh, Lily… Ese hombre claramente siente algo por ti.
—No lo sé. No me parecía que fuera el caso ni vi nada especial en su actitud.
Julia abrió la boca, como si le faltara el aire, pero no dijo nada.
Si él hubiera poseído un cuerpo físico normal, quizás Lily habría encontrado su conducta desconcertante, pues todo en él era excesivamente amable.
Pero su vínculo era peculiar y, a ojos de Lily, no era extraño que Aiden estuviera obsesionado con ella.
Ella era la única que podía verlo y oírlo; era insustituible. Resultaba natural que se aferrara a ella.
Lily abrazó a Julia, sabiendo que su abuela no tenía malas intenciones, solo genuina preocupación.
—Gracias por pensar en mí.
—Uff… Por favor, sigue considerándolo así.
Su tono dejaba claro que no le creía ni una palabra.
Lily se puso en pie, pues si se retrasaba más, Aiden la atormentaría con sus preguntas.
Julia también se levantó y dijo con una sonrisa:
—Qué lástima por él.
—Para despertar a la bella durmiente del hechizo se suele necesitar un beso o las lágrimas de un ser amado, ¿no crees? Si hubiera sentimiento mutuo, ese habría sido el método antes de tocar el libro prohibido.
—Ay, abuela, por favor. Eso solo ocurre en los cuentos.
Acordaron verse por la tarde antes de separarse; el corazón de Lily se sentía intranquilo mientras regresaba al edificio.
«Mmm. Es cierto que parecemos cercanos, pero no puedo comportarme como un maniquí si él me trata con amabilidad. Aunque… ¿será que los demás ven algo más?»
La firmeza de Julia la había dejado inquieta.
Con el pensamiento dividido, Lily abrió la puerta del edificio principal.
Él la esperaba sin haberse movido ni un ápice de donde se separaron; sus ojos, antes opacos, brillaban ahora con una chispa de vitalidad.
[Tardaste mucho. ¿Tenían tanto de qué hablar tu abuela y tú?]
Su tono era tan afectuoso que, si Julia lo hubiera escuchado, habría confirmado todas sus sospechas; por fortuna, ella no podía oírlo.
Como el hall bullía de gente limpiando, Lily no pudo responder.
Varios compañeros se acercaron al verla.
—¡Lily! ¿No ibas a estar fuera todo el día?
—Surgió un asunto y regresé tarde.
—No sé qué pasó, pero tuviste suerte. De haber estado aquí, te habrías llevado la peor parte; dicen que un soldado sobrevivió escondido bajo la cama.
—Además, tú detestas este tipo de alborotos con fantasmas.
Aunque sus amigos, ajenos a la verdad, la recibieron con alegría, Lily no tuvo más remedio que unirse a la limpieza.
Mientras ellos trabajaban, Aiden permaneció en silencio, observando sin moverse de su lugar, pese a lo aburrido de la tarea.
Al caer el atardecer, terminó la jornada.
Lily se escabulló con la excusa de pasar por la oficina, buscando despedirse de Aiden.
El tercer piso permanecía destrozado, y los vidrios rotos crujían bajo sus pasos.
Consciente de la puerta que no cerraba bien, habló en voz baja.
—Parece que esto estará agitado por un tiempo.
[Ya lo creo. Estábamos mejor cuando estábamos solos.]
Lily abrió los ojos con sorpresa. A veces, este fantasma decía cosas demasiado extrañas.
Corrigió sus palabras apresuradamente.
—Es verdad. Era más cómodo estar a solas.
[No volveré a hacer esto nunca más.]
Lo dijo con tal resolución que Lily soltó una carcajada.
—Entendido. ¿Cuántas promesas piensa hacerme?
Aiden la miró intensamente y ella recordó la actitud inapropiada de la que hablaba Julia.
—¡Ay, lo siento! Me he extralimitado…
Recordó que esa característica suya siempre causaba fricciones con Wolfram.
[No. Está bien. Así es perfecto.]
«¡Otra vez dijo que es perfecto!»
Sin querer, Lily volvió el rostro, molesta porque sus pensamientos se desviaban a lugares innecesarios tras la charla con su abuela.
Debía marcharse para despejar la mente.
Tras despedirse rápidamente, se dio la vuelta.
—Gracias. De todas formas, tendré cuidado. Nos vemos mañana.
Al girar al escuchar que la llamaba, vio que Aiden le tendía la mano.
Cuando un frescor inmaterial rozó su muñeca, él miró hacia arriba con el rostro contraído.
Lily siguió su mirada; el adorno del marco de la puerta estaba cayendo.
Sin embargo, una fuerza invisible lo desvió hacia un rincón, evitando el impacto.
Todo terminó antes de que Lily pudiera procesarlo; cuando recobró el sentido, Aiden estaba parado justo frente a ella.