Piu, piu, piu.
Zzzzzzzzz…
Piu, piu, piu.
Zzzzzzzzz…
Cha Hae-eon permaneció un buen rato observando desde el portal cómo me alejaba.
¿Estaría preocupado?
Estuve a punto de ofrecerle que me acompañara, pero, justo en ese instante, Cha Hae-eon se deslizó al interior de la casa.
Me encogí de hombros. Bueno, no debería suceder nada malo.
Piu, piu, piu.
«Caminar unos 500 metros desde aquí… luego girar a un lado…».
Las áreas contaminadas estaban tan distorsionadas que, a veces, un lugar distante podía estar cerca y uno próximo, lejos.
Afortunadamente, el destino al que me dirigía era de los primeros.
Piu, piu, piu, piu.
Siguiendo el mapa, avancé haciendo eses hasta detenerme frente a un semáforo.
Está en rojo.
Fue un momento de espera inconsciente, fruto de la costumbre.
«¿¡Un semáforo!?»
¿Por qué seguía encendido?
Antes de que terminara de formular el pensamiento, los alrededores se oscurecieron. No, no era que se fueran a negro, sino que algo inmenso los cubría con su silueta.
Una multitud se había aglomerado frente al paso de peatones.
Para ser exactos, eran entidades con apariencia humana.
Algunas vestían trajes formales, otras empujaban cochecitos de bebé. Todos lucían tan cotidianos que la sensación de anormalidad llegó con un latido de retraso.
Gulp.
Tragué saliva y tiré de la cuerda.
Necesitaba la nave espacial. ¡Ahora mismo!
Zzzzzzzzz… ¡Clac!
Pero la nave se trabó entre las piernas de aquella gente y fue imposible arrastrarla.
¡Clac! ¡Clac!
Por más fuerza que ejerciera, no cedía ni un milímetro, bloqueada por todos aquellos que aguardaban la luz verde.
«¿Y-y ahora qué…?».
Justo entonces, me froté las manos sudorosas contra el cinturón.
—¿Sabes de ese rumor que anda circulando últimamente?
Llegó el susurro de unas chicas con uniforme escolar.
—¿Cuál?
—Ese que dice que si haces eso y aquello frente al espejo, te maldicen.
—Ah, yo también lo oí. Decía que hay que hacer eso y aquello, ¿cierto?
—Exacto. Hacer eso y aquello frente al espejo.
La voz de las chicas se volvía cada vez más nítida.
Por alguna razón, sentía mis orejas en alerta, deseando comprender con claridad el contenido de sus palabras.
Poseía una extraña fuerza de atracción.
O sea, frente al espejo…
¿Qué hay que hacer?
—Pues hacer eso y aquello.
Fue entonces.
¡Zas!
El hermano mayor sentado sobre mi cabeza me golpeó la frente con un tentáculo.
«…!»
Al instante, recobré la cordura.
Al mirar rápidamente hacia ambos lados, distinguí dos figuras sin rostro inclinándose hacia mí desde la izquierda y la derecha.
Las estudiantes habían estado hablando, literalmente, junto a mis oídos.
Como si estuvieran desesperadas por contarme la historia.
Me tapé la boca con ambas manos y grité internamente.
¡Kiiiiiiiiiiiiiiiii!
Asomaron unas cuantas lágrimas. Ni siquiera lloraba tanto en el hospital, pero desde que me convertí en un alienígena sano, el llanto era recurrente.
—¡Qué linda!
—¡Es más linda porque llora!
Ellas, pegadas a mis costados, murmuraban con rapidez lo adorable que era.
—¡¿Por qué hablan tan pegadas a mí?!
Grité sobresaltado.
—¡Kyajajajaja!
—¡Nos pilló! ¡Nos pilló!
Justo en ese momento, las estudiantes, entre risas, ignoraron la luz roja y salieron corriendo.
«Oh…».
¡Kriiiiiiiiii!
Desde una zona donde no se atisbaba ni un vehículo, un camión gigantesco surgió de entre la niebla a una velocidad descomunal.
¡Coom coom!
¡Zas!
Las estudiantes fueron impactadas por el vehículo y cayeron al instante.
«…!»
El camión de volteo, tras atropellar a las jóvenes, comenzó a elevarse de forma repentina.
Observé los dedos que sujetaban el chasis del camión con la boca abierta y alcé la vista.
Solo se divisaba una silueta inmensa.
«Algo» del tamaño de un rascacielos había tomado el camión como si fuera un juguete para pasar por encima de las estudiantes.
Entonces, el semáforo cambió a verde.
Urrrrr-
Los peatones que aguardaban comenzaron a marcharse como si hubieran sellado un pacto.
Parpadeé aturdido, como alguien que despierta de un sueño profundo.
Los cuerpos de las estudiantes habían desaparecido súbitamente, sin dejar rastro alguno.
«¡Qué miedo!»
¡Pium pium pium pium!
Zzzzzzzzz-
Crucé el paso de peatones a toda prisa, con la voz entrecortada. ¡No podía permitir que cambiara a rojo antes de llegar al otro lado y acabar atropellado!
Piu pium pium pium!
Zzzzzzzzz-
Por suerte, una vez cruzado el semáforo, el destino estaba próximo.
«Menos mal».
Me inundó un alivio repentino mezclado con expectación.
¡Porque el lugar al que me dirigía no era otro que la fábrica de animatrónicos!
En Planetmon!, la fábrica de animatrónicos se describía como un recinto similar a un parque temático.
Esperaba verme recibido por luces brillantes y música emocionante.
Abracé mi corazón palpitante y tomé la curva.
Pero.
Mi boca, que se había detenido en seco, se abrió lentamente.
«¿…?»
Me quedé petrificado frente al destino y alcé la vista.
¿Un parque temático?
¿Esto?
En la pared exterior, los carteles de los personajes se desprendían por la mitad; entre las capas de pintura descascarada asomaban vigas de acero oxidadas, y las manchas de óxido que chorreaban parecían sangre roja.
Además, el letrero sobre la entrada de la fábrica estaba tan torcido que no sorprendía que pudiera desplomarse en cualquier momento.
En la pantalla electrónica apagada, solo restaban unos pocos caracteres tenues, y lo que debió ser ‘FUN’ ahora parecía ‘UN’.
«¡¿Es aquí?!»
Consulté el mapa de nuevo.
Entonces, la marca con cara de osito incrustada en la interfaz me dedicó una sonrisa pícara. De la boca del adorable oso asomaron afilados dientes de tiburón.
«¡Gyaaaaah!»
Tragué el grito que intentaba escapar de mi garganta.
«¡Esto es extraño! ¡Esto me parece muy sospechoso!»
En ese momento, el hermano mayor rodeó mi brazo. Por sus ojos ansiosos, parecía implorar que regresáramos.
—¿L-lo hacemos?
Justo cuando intenté retroceder con sigilo.
[To— el personal —- favor presen—se en la pla—-.]
De un altavoz cubierto de telarañas surgió un mensaje distorsionado, apenas inteligible entre el ruido blanco.
Al mismo tiempo, desde los alrededores inmersos en la oscuridad, comenzó a escucharse el sonido de algo, una masa innombrable, moviéndose en grupo.
¡A correr!
¡Pium! ¡Pium! ¡Pium! ¡Pium! ¡Pium!
Zzzzzzzzz-
En aquel instante.
Una gran sombra se proyectó sobre mí.
Un animatrónico gigante con forma de ornitorrinco se encontraba de pie, bloqueando mi ruta.
«¡Hik!»
Mis orejas, tiesas de alerta, se tensaron por el peligro.
Las dos manos del animatrónico se movieron con intención de atraparme.
Agaché el cuerpo con agilidad para esquivar el agarre.
«¡Debo meterme en la nave…!»
Sin embargo, en el instante en que di un paso, sentí una presión en la nuca y mi cuerpo comenzó a flotar en el aire, ¡zuum!
Una garra mecánica de gran tamaño, similar a la de una máquina de peluches, había descendido desde la fábrica, apresándome y elevándome sin remisión.
La garra no solo me levantaba a mí, sino que arrastraba un montón de objetos esparcidos por todas partes.
Se escuchaban chillidos por delante, por detrás, a mi izquierda y a mi derecha.
Sonaban como rugidos de monstruos, pero también como insultos y gritos humanos.
Ascendí hasta una altura desde la que se divisaba la chimenea de la fábrica, y perdí por completo el conocimiento.