Capítulo 17
17. Un chico ordinario
El ancestro de Herdin, el primer duque de Delmarck, fue el héroe nacional que protegió al Imperio durante la última Guerra Mágica.
Para obtener el poder necesario para defender la nación, pactó con una Bestia Divina, criatura que hoy en día solo habita en las leyendas.
A cambio, recibió un cuerpo formidable, capaz de canalizar el aura y la magia simultáneamente.
Originalmente, los seres humanos solo pueden dominar uno de los dos poderes: el aura o la magia.
Sin embargo, gracias al contrato con la Bestia Divina, el primer duque de Delmarck logró dominar ambos, y ese poder condujo la guerra hacia la victoria.
No obstante, un gran poder conlleva un precio proporcional.
Utilizar el aura y la magia al mismo tiempo era como manejar fuego y aceite; si se ejecutaba correctamente, generaba una sinergia increíble, pero un pequeño error podía derivar en un descontrol devastador.
Aquel don recibido por el primer patriarca se transmitió a través de la sangre a las generaciones posteriores.
En la mayoría de los casos, se convirtió en una fuerza militar formidable para salvar al país, pero ocasionalmente atraía la desgracia.
El anterior duque, padre de Herdin, fue uno de los descendientes que heredó ese poder. Al igual que sus antepasados, empleó su fuerza en beneficio de los habitantes de su feudo y del Imperio.
Todos en el Imperio lo temían y lo admiraban.
Sin embargo, la desgracia llegó sin previo aviso.
El año en que Herdin cumplió doce años, durante un viaje familiar, hallaron el cuerpo sin vida de su madre, asesinada por un monstruo.
Se dice que el anterior duque, al descubrir el cadáver, perdió el control y masacró cruelmente a todas las criaturas del bosque, para luego suicidarse con el fin de proteger a su hijo de sí mismo mientras permanecía fuera de control.
Así ocurrió la caída de la familia ducal de Delmarck, que había sido venerada por todos.
Su tragedia se difundió rápidamente a través de las lenguas de aquellos que usaban la desgracia ajena como postre.
Llegando incluso a los oídos de Blair, quien residía en el Palacio Imperial.
La gente fingía lamentar la ruina de la casa de Delmarck frente a ellos, pero a sus espaldas murmuraban si Herdin, habiendo heredado el mismo poder que su padre, no perdería el control algún día y perpetraría una masacre despiadada.
«Aun así, esta vez realmente quiero ganar…».
Blair finalmente reprimió su miedo con su espíritu competitivo y se acercó a Herdin.
A través de las cartas, podía observar unos ojos profundos como un lago azul, así como las largas pestañas que proyectaban una sombra sobre ellos.
El Herdin que Blair enfrentó en persona parecía un chico ordinario, aunque resultaba un poco intimidante. No era ese ser aterrador de los rumores.
En el instante en que pensó aquello, Herdin, que había estado examinando las cartas en su mano con la mirada baja, levantó la vista y sus ojos se encontraron.
Al cruzarse con aquel azul intenso, Blair se sobresaltó y tomó cualquier carta que tuviera a mano.
De todas las opciones que pudo haber escogido apresuradamente, resultó ser la carta del ladrón.
Afortunadamente, debido a que Esmeralda tomó la carta del ladrón, Blair logró ganar. El juego terminó con la carta del ladrón en manos de Herdin.
Herdin había perdido a propósito para finalizar la partida, pero en aquel momento Blair lo ignoraba.
Justo cuando Blair, entusiasmada por la competencia, se disponía a barajar las cartas de nuevo, Herdin habló.
—Me retiro por ahora.
—Vaya, ya es esa hora.
—Nos vemos mañana, Su Majestad la Emperatriz.
Esmeralda miró a Herdin con ojos llenos de preocupación y dijo:
—Herdin. Entiendo cómo te sientes, pero no es necesario que te fuerces a asistir mañana.
—Estoy bien.
Herdin hizo una revervencia formal ante Esmeralda y Blair, y se levantó de su asiento.
Una vez que él salió, en la sala de recepción quedaron finalmente solo Esmeralda y Blair, tal como la niña deseaba.
Como si hubiera estado esperando, Esmeralda le preguntó discretamente a Blair:
—¿Qué te pareció conocer a Herdin? ¿Crees que podrías ser su amiga?
Blair no pudo responder de inmediato y vaciló.
Para ser sincera, sentía que no podría entablar una amistad con Herdin. El chico que conoció en persona era demasiado diferente a todas las personas que Blair había conocido hasta ahora.
La actitud de Herdin de hace un momento le había causado un impacto considerable.
No le habló con dulzura ni le sonrió como hacían los demás. Fue al ver a Herdin que se dio cuenta de que poseer una apariencia pulcra, vestir elegantemente y emplear palabras educadas no significaba necesariamente ser una buena persona.
Sin embargo, como no quería decepcionar a Esmeralda, Blair inventó una mentira.
—Hmm… Es difícil porque habla poco, pero creo que es una buena persona.
No obstante, no pudo ocultar el constante movimiento de sus dedos ni la forma en que sus ojos evitaban la mirada de Esmeralda.
—Mentir es un mal hábito, Blair.
Ante el señalamiento de Esmeralda, Blair se sintió descubierta.
Finalmente, no tuvo más remedio que confesar la verdad.
—La verdad es que… creo que el Duque de Delmarck es educado, pero a la vez no tiene modales.
Al escuchar la sincera impresión de Blair, Esmeralda soltó una carcajada.
—Menos mal que Herdin no escuchó eso.
Solo entonces Blair se preocupó de haber sido demasiado honesta y añadió:
—Pe-pero es que es la primera vez que lo veo hoy. Como es alguien a quien Su Majestad la Emperatriz aprecia, creo que debe ser una buena persona. Esto lo digo en serio.
Esmeralda, que observaba a Blair esforzarse por pintar a Herdin de manera positiva, sonrió y le hizo un gesto con la mano.
Sabiendo lo que significaba aquel ademán, Blair se acercó rápidamente y se sentó a su lado.
Esmeralda acarició suavemente la cabeza de Blair mientras asentía ante sus palabras.
—Sinceramente, Herdin no es un niño afectuoso. Tiene muchas heridas en su corazón, por lo que es torpe al tratar con las personas.
Blair la miró hacia arriba mientras aceptaba dócilmente aquellas caricias agradables. Los ojos azules de Esmeralda, como siempre, poseían un brillo suave.
—Pero que su corazón esté herido no significa que tú debas soportar la incomodidad, Blair.
Esmeralda susurró mientras depositaba un ligero beso en la frente redondeada de Blair:
—Porque tú eres un ser tan valioso como él.
Ante aquel tierno susurro, Blair se sintió muy feliz y, a la vez, un poco melancólica. Porque eran palabras que nunca había escuchado de Katrina.
Aun así, Blair le sonrió a Esmeralda.
Al día siguiente, amaneció el año nuevo.
La agenda consistía en que, por la mañana, las familias, incluida la familia imperial, acudieran al bosque invernal para cazar la ofrenda para el dios; por la tarde, asistirían al culto en el templo y, por la noche, participarían en el banquete del Palacio Imperial.
Dado que los rituales del año nuevo por la mañana y la tarde eran eventos exclusivamente para adultos, Blair pasó todo ese tiempo jugando con Ivan y sus primos, y asistió al banquete del año nuevo al llegar la noche.
Blair se sentó junto al Emperador padre, la Emperatriz Esmeralda, su madre Katrina e Ivan, mientras recibían los saludos de año nuevo de los nobles.
Mientras continuaban los saludos aburridos y protocolarios, de repente, los nobles comenzaron a agitarse.
Blair, extrañada por el cambio repentino de atmósfera, comprendió la razón solo cuando vio a la persona que daba el siguiente paso al frente.
Era Herdin.
Después del accidente de hace tres años, el joven duque que había permanecido recluido hacía hoy su primera aparición oficial en público.
Los nobles murmuraban mientras veían a Herdin acercarse al Emperador.
—Vaya, el joven… no, el Duque realmente vino. Pensé que no asistiría al banquete.
—Es cierto. Ya fue sorprendente que asistiera a la caza y al culto de la mañana.
—De cualquier modo, ahora es el patriarca de Delmarck. ¿No debería restablecer el prestigio de su familia y convertirse en el apoyo de Su Majestad la Emperatriz? Aunque no será fácil.
A primera vista, parecían palabras de lástima hacia el joven Herdin, pero en realidad no eran más que un chisme entretenido para ellos.
Blair observaba a Herdin con ansiedad mientras escuchaba sus conversaciones.
—Me siento conmovido de recibir el año nuevo bajo el reinado de Sus Majestades. Por favor, continúen brindando su benevolencia y velando por el Imperio este año también.
Al presentarse ante el Emperador y los demás nobles como el patriarca de una familia, Herdin, aunque aún era joven, poseía un temple que no envidiaba a ningún otro líder familiar.
No, más bien, brillaba aún más por su juventud.
Sin embargo, ¿era solo una impresión suya que su figura, cumpliendo con naturalidad el rol de patriarca, se viera precaria?
Incluso después de que Herdin saludara al Emperador y se retirara sin incidentes, Blair continuó siguiéndolo con la mirada.
Una vez terminados los turnos de saludos de año nuevo a la familia imperial, comenzó el banquete.
Mientras los nobles se reunían en grupos para conversar, Herdin permanecía solo en su lugar.
Nadie se acercaba a él, pero los ojos y las bocas murmurantes de todos estaban dirigidos hacia Herdin.
—Sobre el joven de Delmarck… digo, el Duque. ¿Es cierto que estuvo al lado del anterior duque cuando este se suicidó?
—¡Cielos! Qué lástima. Es un milagro que pueda mantenerse cuerdo.
—Es admirable, pero por otro lado… siendo tan joven, me parece que es muy frío.
Todos hablaban al unísono sobre la desgracia que cayó sobre su familia y sobre su futuro. Se lamentaban por la tragedia de la casa de Delmarck, pero al mismo tiempo disfrutaban de ella y la temían.
—Rachel, no te acerques. ¿Qué pasaría si de repente pierde el control como su padre e intenta matarnos a todos?
Si Esmeralda hubiera estado allí, ellos no se habrían atrevido a hablar así, pero lamentablemente, Esmeralda no se sentía bien y se había retirado temprano después de recibir los saludos de año nuevo.
En otras palabras, eso significaba que en aquel salón de banquetes, Herdin no tenía a nadie de su lado.
Blair miró con preocupación a Herdin, quien escuchaba aquellos murmullos en silencio.
Se mantenía firme con esa expresión indiferente de siempre, pero ¿estaría su interior realmente intacto mientras escuchaba aquello?
Aquellos que habían pasado un buen rato hablando de Herdin y la casa de Delmarck pronto perdieron el interés y pasaron al siguiente tema. Como si estuvieran probando el siguiente plato de un menú degustación.
Solo después de que la atención de la gente se retirara, Herdin abandonó el lugar discretamente.
Preocupada por la imagen de Herdin saliendo del salón con ojos vacíos, Blair lo siguió hasta el jardín trasero del palacio.
Tan pronto como salió al patio, el gélido viento invernal le azotó las mejillas.
El jardín nocturno, iluminado por luces tenues, estaba en calma. Si hubiera sido verano, habría habido personas disfrutando del banquete al aire libre, pero debido al frío, no había nadie.
«¿A dónde fue?».
Mientras Blair miraba a su alrededor buscando a Herdin, escuchó un gemido de dolor proveniente de un lugar no muy lejano.