Eran personas misteriosas en muchos sentidos. Habían insistido en perseguirla hasta un punto que resultaba excesivo para considerarlos simples terroristas. Si lo que necesitaban era el rehén, podrían haber apuntado a cualquier otra persona, pero incluso entre la multitud, solo la habían buscado a ella. Debido a esto, Haeryu pudo estar segura de una cosa.
—Esas personas… me conocen, ¿verdad?
No sabía la razón, pero sabían quién era.
Jin-seo pareció reflexionar un momento y luego negó con la cabeza. Decidió que era preferible guardar silencio hasta que hubiera pruebas concretas.
—Por ahora no se ha revelado nada, así que no le des vueltas. No le otorgues importancia. Cuando empecemos a interrogar formalmente a los terroristas, saldrá lo que tenga que salir. ¿No crees?
Haeryu asintió dócilmente. Pensó que no se equivocaba. Sin embargo, I Geon, sentado en el asiento trasero, interpretó aquellas palabras de otra manera. Aunque lo dijera con rodeos, en resumen, le estaba indicando que no volviera a mencionar el incidente; que lo único que debía importarles era el examen.
El examen del último año es considerado uno de los más trascendentales en Binik. Esto se debe a que los superhumanos seleccionados a través de ese proceso se convierten inmediatamente en activos de la organización. Hoy, debido a la repentina intervención de agentes externos, estuvieron a punto de perder dos activos valiosos. Por ello, extremarían la seguridad de los estudiantes del último año y, al mismo tiempo, asegurarían que pudieran concentrarse únicamente en la evaluación.
No, puede que no los ayudaran, sino que los obligaran. Para un superhumano del último año, el examen lo es todo.
—Niños, atención antes de bajar.
Tras detener el auto frente a la residencia de I Geon, Jin-seo apagó repentinamente todas las luces del vehículo y aplaudió.
—Hoy no ha pasado nada. Ya he silenciado a la comisaría y planeo recuperar todas las grabaciones de las cámaras de seguridad donde aparecen, incluida la tienda de conveniencia que visitaron. Además, desplegaré más agentes cerca de la escuela y de sus casas; solo lo suficiente para que no se sientan incómodos.
Jin-seo giró levemente el torso para mirar a I Geon en el asiento trasero y a Haeryu a su lado. Incluso en la penumbra, sus ojos brillaban con agudeza.
—Algo como lo de hoy no volverá a suceder. Así que mañana, simplemente actúen como siempre.
Al pronunciar las últimas palabras, Jin-seo sostuvo la mirada de Haeryu, pues había notado que la joven estuvo sumida en la angustia durante todo el trayecto.
—¿Entendido?
«¿Es posible actuar como siempre?». A pesar de la duda, Haeryu respondió con dificultad: —Sí.
I Geon, en lugar de responder, descendió rápidamente del auto. Jin-seo bajó la ventanilla y gritó hacia la nuca del joven: —¡Oye, pedazo de malnacido!
Haeryu, que bajó apresuradamente del vehículo, hizo una reverencia educada. Jin-seo le devolvió una sonrisa amable y luego abandonó el vecindario a gran velocidad. El rugido del motor alejándose se escuchaba brusco, reflejando la urgencia de Jin-seo.
—Vaya.
Ante la exclamación que escuchó a sus espaldas, Haeryu se dio la vuelta. En cuanto contempló la escena, palideció. I Geon, parado frente a la puerta principal, señalaba abiertamente el agujero en la manija.
—La has destrozado por completo.
Haeryu miró de reojo el daño que había causado. Quizás era por la oscuridad, pero el agujero parecía más grande que antes. Sintió un vuelco en el corazón.
—Lo… lo siento. Yo te daré el dinero.
—¿Dinero?
—Sí. Para la reparación.
I Geon apenas pudo contener las ganas de soltar una risita burlona. ¿Qué reparación ni qué nada? Jin-seo seguramente ya se habría encargado de todo. Dada la personalidad impaciente de aquel hombre, probablemente la puerta estaría arreglada para mañana.
—Olvídalo. Digamos que estamos a mano.
—¿Eh?
—A mí se me rompió la puerta y tú pasaste un mal rato yendo hasta la comisaría.
—¿Qué tiene que ver eso…?.
—¿Qué va a tener? Que estamos a mano.
La luz amarillenta de una farola iluminaba un lado del rostro de I Geon. Al ver aquel perfil dividido entre la luz y la sombra, como una luna consumida por la oscuridad siguiendo su órbita, Haeryu recordó las palabras que acababa de escuchar. Estar a mano.
—Al menos la valla está intacta.
I Geon, que miró de reojo hacia el otro lado, sonrió. Luego, sin decir nada, se dio la vuelta y entró por la puerta principal. Haeryu lo siguió apresuradamente para no perderlo de vista.
Subieron las escaleras y cruzaron el jardín seco. Al llegar frente a la entrada, la luz del sensor se encendió. Bajo la lámpara de tono solar, I Geon le hizo una señal a Haeryu.
—La contraseña. Mira bien.
I Geon levantó la tapa del teclado de la puerta y marcó la clave. Lo hizo con una lentitud deliberada, como si estuviera extendiendo una cinta adhesiva. Haeryu siguió con la mirada las yemas de sus dedos, que se movían como si dibujaran una constelación. Grabó en su mente los nueve dígitos de la contraseña.
Con un clic, se escuchó un pitido mecánico alegre. Era un sonido que no había percibido el primer día.
—¿Te la aprendiste?
Haeryu asintió e I Geon abrió la puerta sin añadir nada más. Haeryu entró rápidamente y lo primero que hizo fue quitarse los zapatos. Anhelaba lavarse el cuerpo, que estaba cubierto de polvo. Después de que en la tienda de conveniencia le dijeran que se veía descuidada, probablemente parecía una indigente.
—Y esto.
Justo antes de entrar del todo, una mano que apretaba algo se extendió repentinamente. Haeryu, por instinto, colocó su palma debajo. Cuando I Geon abrió el puño, una llave pequeña cayó sobre su mano. Ella miró el objeto atónita y luego lo apretó suavemente. Sintió como si una estrella fugaz hubiera aterrizado en su palma.
—No la pierdas.
Como si hubiera terminado su asunto, I Geon se dio la vuelta. Su espalda se alejaba mientras subía las escaleras hacia el segundo piso. Haeryu jugueteó con la llave y pensó que había algo que quería darle a él.
«Yo también tengo algo para darte…».
—¡Tae I Geon!
Haeryu llamó a I Geon con urgencia para que se detuviera. Temía que la ignorara, pero afortunadamente, él se detuvo a mitad de la escalera y miró hacia abajo.
Esta era la oportunidad. Haeryu dejó su bolso en el suelo y extrajo algo con cuidado. Era una pequeña caja de cartón roja con las esquinas ligeramente dobladas. Eran los dulces que había guardado en la tienda escolar hoy para dárselos. Cuando él se había marchado sin decir nada, le pareció molesto y no quiso entregárselos, pero ahora que estaban solos, el deseo regresó.
Quizás era porque había pasado toda su vida sola en un espacio confinado. Haeryu se conmovía fácilmente incluso ante la más mínima amabilidad ajena. Aunque I Geon la viera como alguien fácil o insignificante, no podía evitarlo.
Después de todo, gracias a I Geon había logrado estar a salvo hoy. No podía ni imaginar cómo habría salido de aquella situación desesperada si no hubiera sido por él. Haeryu solo quería actuar con la misma equidad. Aunque fuera una recompensa muy pobre comparada con la ayuda recibida.
—Toma esto.
Haeryu extendió los dulces abruptamente. I Geon, que los recibió por sorpresa, examinó la caja con mirada sospechosa. Una de sus cebras estaba levantada, como si algo no encajara.
—No me digas que me estás dando lo que ibas a tirar.
¿Tirar? ¿Algo tan rico? Haeryu agitó las manos negativamente.
—¿Estás loco? ¿Por qué tiraría esto?
—Normalmente la gente tira lo que no conoce.
Pero esto sabía rico. Desanimada, Haeryu extendió la mano nuevamente.
—Si lo vas a tirar, dámelo de vuelta.
I Geon soltó una risita ligera y escondió la mano con los dulces detrás de su espalda.
—No quiero.
—De todos modos lo vas a tirar.
—Como me pediste que te los devolviera, ahora ya no quiero dártelos.
«Pero qué…». El ceño de Haeryu se frunció al instante.
—¿Eres un contreras?
—Croc.
Imitando el sonido de una rana, I Geon subió el resto de la escalera. Haeryu, que se quedó mirando fijamente su espalda, regresó a su habitación poco después. Que los tirara o no, que lo hiciera como quisiera. Lo primero era bañarse.
Tras asearse en el baño de su habitación, logró encontrar el área donde estaba la lavadora. Puso el uniforme en el cesto de la ropa, sacó uno de repuesto y luego se desplomó en la cama.
Quizás porque había sido un día agitado, sentía todo el cuerpo relajado, como si se hubiera sumergido en agua caliente. El parpadeo de sus párpados se volvía cada vez más lento. Con la mente nublada, Haeryu repasó los numerosos eventos del día.
Había ido sola a la escuela, hecho amigos, comido por primera vez en la cafetería y visitado la tienda escolar. Luego, por error, rompió la puerta, fue a la comisaría, fue perseguida por terroristas que aparecieron de la nada y después se encontró con Tae I Geon y escaparon juntos…
—Si te cuesta confiar en ti misma, confía en mí.
…I Geon se había convertido en su Hold Steel.
Con una expresión soñadora, Haeryu levantó lentamente su brazo derecho. Extendió la palma hacia el techo y, tal como lo hizo cuando estuvo con I Geon, dobló ligeramente las yemas de los dedos.
Fue una experiencia realmente extraña y singular. Que la mano de otra persona cubriera la suya, que el calor de otro envolviera su poder. Que la fuerza de alguien más calmara y guiara su propio poder desbocado.
Siente cosquillas. Parece que el calor de I Geon aún permanece en su brazo. Intentando suprimir esa sensación, Haeryu deslizó su brazo derecho debajo de la almohada y se dispuso a dormir un poco más temprano para estar lista para mañana.
I Geon, con un aspecto más pulcro que antes, estaba de pie en el balcón de su habitación. Su cabello castaño, aún algo húmedo, se mecía suavemente con la brisa fresca de la medianoche. Desde allí, podía contemplar la vista del vecindario sumido en la noche y el jardín que no había sido tocado en mucho tiempo. Era el lugar perfecto para sumergirse en sus pensamientos.
En su oído, donde llevaba un auricular inalámbrico, se escuchaba un largo tono de llamada. Pronto responderían, porque ellos nunca habían ignorado sus comunicaciones. Esperó pacientemente el siguiente paso.
— ¿Ahora qué quieres?
Poco después, tal como esperaba, una voz familiar respondió la llamada. El hombre que estaba ansioso por reclutarlo. I Geon, con una leve sonrisa, dijo:
—Sé que no estás ocupado, así que te pediré un favor.
—Oye, te dije que no me usaras de esta manera, ¿no? ¿Acaso parezco tu sirviente?
—Investiga la identidad de alguien para mí.
Ignorando ligeramente sus palabras, I Geon fue directo al grano. A pesar de que entró en el tema sin rodeos, el interlocutor no se sorprendió, como si estuviera acostumbrado a estas situaciones.
—Si dijeras que trabajarás con nosotros, no sería solo una identidad. Te investigaría diez.
—Después de ver los resultados.
—Soy un completo idiota, un idiota.
El hombre se sentía indignado, pero no se negó. Esto también sería una forma de quedar bien con él. I Geon sonrió en silencio.
—Entonces, ¿quién es la persona que quieres investigar?
Apoyado en el balcón, I Geon se dio la vuelta. El cristal donde se reflejaba como un fantasma y el interior de la habitación que se veía más allá. Entre todo, unos dulces dejados solos sobre el escritorio llamaban especialmente su atención. Unos dulces terriblemente malos. Y Seo Haeryu, que se los había entregado con una solemnidad innecesaria.
«¿Serás un producto bien empaquetado como esos dulces, o una bomba a punto de explotar?». Cualquiera de las dos opciones era un hecho evidente que cualquiera codiciaría. Una emisora de nivel 7 que el maldito Binik había mantenido escondida.
—…Mi compañera.
Tae I Geon empezó a sentir curiosidad por Seo Haeryu.